Este año se jugará una partida interesante: resolver la ´burbuja de la deuda´. En todo el mundo hay países afectados por alto endeudamiento (derivado de operaciones de rescate o de planes de estímulo). Cuando las ´cosas iban bien´, no había problema: se financiaba todo con más deuda. Las dificultades surgen si el tinglado se tuerce; más que nada, porque los acreedores exigen el pago de lo pedido a cuenta del futuro. En Europa, vivimos la avanzadilla del problema con dos naciones (Islandia y Grecia) y la resolución de sus casos será un aviso para navegantes… ibéricos.
El asunto más candente es el islandés. Tras la quiebra de sus bancos, 300.000 ahorradores británicos y holandeses perdieron 5.000 millones de dólares allí depositados. Sus gobiernos indemnizaron a los afectados, pero ´presionaron´ a Islandia para devolver la deuda. Ahora, el presidente islandés ha accedido a la demanda de la población para organizar un referéndum, para someter a votación si se devuelve lo prestado (el 70% es contrario a pagar). Ante esto, los anglo-holandeses amenazan a Islandia con vetar su entrada en la UE, con el riesgo de aislamiento (podría suspenderse la ayuda que recibió del FMI), lo que llevaría a los islandeses a vivir de los bancos… de bacalao.
La UE no se ha pronunciado, pero no gusta el precedente de preguntar a la población si se devuelve o no un préstamo. Quizá por eso, el BCE ha advertido a Grecia (con alto endeudamiento) que «se equivocan quiénes creen que la UE (o sea, Alemania) se rascará su bolsillo para rescatar» a los helenos. Es decir, o aplican un duro plan de ajuste o… ¿qué? Porque si los mercados no se calman con las medidas de austeridad griegas, ¿la UE tiene un ´plan B´? Así que unos sin pagar y otros sin saber qué harán si los primeros no pagan.