El pasado domingo leía en este periódico un artículo en el que el articulista se sentía «reconfortado» por el mensaje del Papa con motivo del primer día del año, ya que invitaba a la paz y al cuidado del medio ambiente. Le sonaba como algo novedoso del mensaje de la Iglesia, cuando en realidad se trata de la XLIII Jornada mundial de la paz, cuarenta y tres años de mensajes continuos promoviendo la paz entre los pueblos de la tierra y buscando la justicia entre aquellos países que son víctimas de tanta vergüenza. Bajo el lema ´si quieres promover la paz protege la creación´ se insta a cuidar del entorno, junto a los hombres y mujeres de la tierra para conseguir el bienestar de todos.
El mensaje de este año concuerda con el lema de la campaña que Manos Unidas puso en marcha para el Desarrollo y la Justicia Climática, ´Siembra un clima de justicia´, recordando el derecho de los pueblos del Sur a un desarrollo sostenible, la trasferencia de recursos y tecnologías que permitan a estos pueblos su adaptación al cambio climático, y el compromiso de los países más contaminantes a una reducción drásticas de la emisión de los gases de efecto invernadero.
En el sínodo de los obispos africanos que tuvo lugar en el mes de octubre en Roma, una de las conclusiones de las diferentes reflexiones de los participantes de dicho encuentro fue la de recordar al mundo que se debe «detener la devastación criminal del medio ambiente para su codiciosa explotación de los recursos naturales. Es una política miope la de fomentar guerras para obtener unos beneficios rápidos del caos, a costa de vidas humanas y de sangre».
El ejemplo del continente africano es la realidad que viven los pueblos del Sur, «pueblos que siguen sufriendo a causa del odio, el rencor y la violencia por culpa, casi siempre, de la codicia de aquellos que quieren aprovecharse de sus enormes riquezas naturales, especialmente los países occidentales».
Se nos invitaba desde el sínodo a «tratar África con respeto y dignidad. África reclama desde hace tiempo un cambio en el orden económico mundial en cuanto a las estructuras injustas acumuladas que pesan sobre ella. Muchos de los conflictos, guerras y pobreza de África se derivan de esas estructuras injustas». Y lo dicho sobre África se puede decir de tantos otros países del Sur.
El mensaje de la Iglesia quiere ser un mensaje de reconciliación, justicia y paz, pero muchas veces no se quiere escuchar, hay demasiados intereses políticos y económicos para intentar acallarlo, sobretodo ridiculizándolo.