En los libros sagrados y concretamente en la Biblia, hay muchos asuntos teológicos que no se exponen de forma clara y terminante. Como mucha gente sabe, el Antiguo Testamento está redactado por varias personas y modificado en la historia bastantes veces, hasta la expresión definitiva de San Jerónimo. Yo estudié religión como asignatura autónoma en el bachillerato, y en la facultad. Me acuerdo bastante bien de cómo fueron mis profesores en la materia, incluso se dió la circunstancia de que en el Colegio Mayor en donde viví en Murcia los dos primeros cursos, pusieron un capellán, al curica que nos daba la asignatura en el bachillerato. Curioso personaje. Ese grupo de alumnos que hay en todos los cursos, que, como estudiantes medianejos, pero como compañeros resultan muy divertidos, le llamaban el Papo, y podría ser por varias cosas, entre ellas que era el infeliz más ancho que alto, y tenía la manía de la «solemnidad».
Para que ustedes me entiendan, era como Aznar, que aprendió a usar modales de hombre alto, ampulosos, ensayados, que él debía considerar elegantes. Una pena , porque mide escasos uno sesenta. El Papo era un buen hombre y no me cabe duda de que un excelente sacerdote, al menos eso lo creía el. Manejaba el texto por el método «uña» (de aquí hasta aquí), que era lo que debíamos estudiar, ya que consideraba que en el libro, que era el texto oficial, había mucha «paja», muchos párrafos inútiles, con lo cual a menudo cometía la torpeza de suprimir la explicación de aquello «fundamental» que debíamos memorizar. Presumía de no haber ido nunca al cine, y no leía mas que aquellos libros que estaban aceptados por el índice. Cuando me lo encontré en el Colegio Mayor nos llevamos ambos un discurso, y aún más cuando me lo pusieron de Profesor de Religión. Allí estábamos dos cursos juntos, Filosofía y Derecho, y nadie le escuchaba en clase. Yo en las últimas filas, jugaba comúnmente a los barcos, pero un buen día se me ocurrió escuchar un momento lo que salía de su «dostrinal boca», y oí una perla como ésta: «Figúrense como sería de bruto Manuel Kant que no entendió las cinco pruebas de la existencia de Dios».
Me quedé paralizada por el estupor, y cuando caí en la cuenta, ya tenía levantada la mano. Encantado de que preguntásemos algo, me concedió la palabra: «Y si las pruebas (o vías) se basan en la experiencia sensible, ¿Cómo puede alcanzarse su Existencia con los sentidos humanos?». Pobre curica, se le trasformó la cara, y reconociendo mi cara de los antiguos cursos de bachiller, se enfureció tanto que le dijo a las mojas (que eran de su misma tribu) que yo era una «hija del Demonio».
Me suspendió, y como era becaria tuve que «solicitar» examen comparativo, y afortunadamente convencí al Jurado de que estaba preparada. Me echaron del Colegio, naturalmente, pero mi familia exigió razones al Decanato. Mi expediente asustó un poco sobre todo a las infelices monjas que dieron toda clase de disculpas, pero yo no volví, sino que me marche a otro Colegio también de monjas, pero mas modesto. Con todo di Religión y me examiné no sé cuantas veces. Por eso, pobre de mi, soy una humilde «experta», (con perdón).