Hay dos ejemplos de cómo ejercer la maternidad que se expresan en menos de 20 segundos en la televisión a la hora en que los niños se alimentan delante del aparato. Anuncian dos sillitas que nuestras niñas (¡¡¡alerta sexista, alerta sexista!!!) pedirán a los Reyes para jugar a las mamás, a ser sus mamás. (La terminología permanece aunque pasear bebés es una de las tareas en las que se ven más hombres). El anuncio de una de las sillitas parece convencional. A la Sillita princesa la define su pareado: «con velo y corona/ qué silla tan mona». Dentro va un bebé con todos los cuidados al que la mamá ata amorosamente y pasea, algo altiva, mientras otra niña hace una genuflexión al paso de madre, carrito y muñeco oculto bajo velos. Aunque los príncipes se empeñen en no dar esa apariencia, haciéndose fotos de navidad vestidos para un fin de semana de invierno en una casa rural con encanto, permanece la imagen principesca clásica. (La infancia es monárquico-fantástica. Una de las licencias más exitosas de una empresa republicana son las «princesas Disney», 4.000 millones de dólares). Mola más el anuncio de «sillita cuidaditos» que remeda a la madre agobiada con todos los complementos. Lo dice la publicidad: «lleva bibe, lleva móvil y hasta lleva pañal». El móvil es más normal que los pañales. Como no incluye muñeco la trama del anuncio termina con la niña madre agobiada asustándose ante la silla vacía: «¿Dónde está mi bebé?». ¡Qué diferencia entre la madre princesa y la madre trabajadora con problemas de conciliación! Que las niñas aprendan desde pequeñas a que de mayores jugarán a sentirse mal con la silla cuidaditos por no poder llevar la princesa.