Busco y no hallo en la prensa noticias que me impregnen del espíritu navideño que tanta falta me hace. Quiero que me invada un sentimiento de paz interior, un amor al prójimo sin condiciones y un irrefrenable deseo de entregarme a los demás. Descarto, porque no se abre hasta marzo, la opción de un retiro en el centro de espiritualidad que el infatigable Miquel Àngel Sánchez pondrá en marcha en Sant Miquel. También rechazo, por sus evidentes contradicciones con el fin que persigo, la posibilidad de conseguir la tranquilidad mental mediante sustancias estupefacientes. Inasequible al desaliento, continúo mi búsqueda de nuevas que me devuelvan la fe en la bondad humana y, en especial, de la clase política a la que tanto debo.
En esta lucha desigual entre la diminuta Rita angelote y la gigante Rita diabla (satanasa, satanasa, yo te invoco desde casa) que intentan llevarme a su terreno, trato de esquivar mi natural inclinación a criticar a los gobernantes. Paso de largo por la inquietante historia de las diputadas de Eivissa pel Canvi que, en menos de 24 horas, presentan enmiendas a los presupuestos del Govern y luego votan en contra porque el apoyo del PP podía haber conseguido ¡su aprobación! (por lo visto sólo las presentaban en plan Jeannette ´Yo soy rebelde´, pero no contemplaban la posibilidad real de que salieran adelante). Entre las enmiendas había una que perseguía más dinero para plazas de salud mental. ¡Lástima! Quién sabe si no podrían llegar a ser utilizadas por alguno de los incombustibles que aún siguen en una formación que se autodestruirá en cinco segundos. Tic tac, tic tac...
Respiro hondo al leer que el senador Casetes, que va camino de ser fijo de esta columna por (de)méritos propios, no ha presentado ni una triste enmienda a los presupuestos del Gobierno central porque duda de su efectividad. A pesar de este razonamiento, que debe ser muy inteligente y que por eso yo no consigo entender, el senador Pere Sampol sí ha conseguido en el último momento 6 millones de euros más para Mallorca y uno para Menorca. Pero qué sabrá el tal Sampol de alta política.
Me muerdo la lengua a pesar del riesgo de envenenamiento ante el auto de la jueza donde se detallan las maniobras de José Juan Cardona para lucrarse mediante la adjudicación de contratos absurdos durante su etapa de conseller con Matas. Todo tiene un lado positivo y es que, gracias a tanto mangante, tenemos en las Islas un récord Guinness: el de la mayor densidad de corruptos por habitante. Gracias, próceres.Y no hablo del socialista (malo) Triay y su firme intención de acabar con el Club Náutico de Ibiza mientras los socialistas (buenos) ibicencos se sorprenden de que vaya por libre, porque me pongo atómica.
Mi angelote crece y ya me pesa en el hombro, así que parece que estoy consiguiendo ser buena. Me siento rara. Que no cunda la alarma, en enero volveré a ser yo misma (es que me han dibujado así).
¡Feliz Navidad!