La recuperación de las salinas de la Pitiusa menor ha dejado de ser un ilusionante y ambicioso proyecto para convertirse en una realidad en marcha y en vías de consolidar una marca que se beneficia del buen nombre de Formentera y que, a su vez, da publicidad a la isla. Difícilmente podremos encontrar un mensaje más ecológico y efectivo. Queda mucho por hacer, es cierto, pero los primeros resultados ya están a la vista en la buena acogida que el mercado internacional ha tenido para la ´Sal Líquida Natural de Formentera´ que, en sólo unos meses –recordemos que la presentación del nuevo producto se hizo el pasado junio–, ya se está comercializando en países como Francia, Italia, Alemania, Suiza, Bélgica, Inglaterra, Suecia, Noruega y, por supuesto, en España. Y no conforme con eso, ha dado el gran salto y ya puede encontrarse en Canadá.
Según explican cocineros expertos y gourmets, la novedad del nuevo producto no está sólo en lo que constituye su gran baza –la extraordinaria pureza de una sal que retiene como nunca hasta ahora los oligoelementos marinos y un grado oxigenación y mineralización desconocido en otras sales–, sino en su misma presentación en estado líquido: el mar cristaliza y nos da la sal que, purificada mediante un proceso de microfiltración y congelación a –20º, consigue conservar todos sus nutrientes originarios y recuperar su primigenio estado líquido que llega a nuestras mesas como ´agua marina´. Sólo cabe felicitarnos y esperar que en las salinas de Formentera pueda hacerse todo lo que queda por hacer. En este empeño convendrá que se impliquen y pongan toda la carne en el asador las instituciones de la isla, porque la recuperación de la mayor laguna salada del Mediterráneo –con todos los elementos que todavía se conservan de la antigua explotación, que tienen un incuestionable valor patrimonial y que, por si fuera poco, crean paisaje– debe convertir, como en otras ocasiones ya he reclamado, el Estany Pudent en lo que ya fue en tiempos pasados: el Estany des Flamencs.