Todo hace pensar que, a trancas y barrancas, el sector turístico capeará la crisis y seguiremos siendo, aunque no con las alegrías que tuvimos en otros tiempos, un seguro destino vacacional. Otra cosa será ver si somos capaces de conseguir los tres objetivos que para un futuro inmediato parecen prioritarios: por una parte, conseguir cierta desestacionalización y convencer al personal del atractivo que, paradójicamente, nuestras islas tienen en invierno; en segundo lugar, y sin prescindir en absoluto del gancho que Ibiza y Formentera tienen para los más jóvenes, decantarnos hacia una imagen más cuidada y atractiva para un turismo de más calidad y, en definitiva, de más poder adquisitivo; y en tercer lugar, cuidar de que nuestra oferta sea sostenible, lo que supone romper con la regresión medioambiental que desde hace años estamos sufriendo. Todo ello implica dotarnos de buenos contenidos, mimar el patrimonio cultural y paisajístico y ofrecerlo, finalmente, con una buena y potente publicidad.
Y el segundo motor que en estos momentos funciona sólo al ralentí, la construcción, deberá pasar necesariamente, tal como yo lo veo, por la rehabilitación masiva de los barrios más envejecidos. Todo apunta que será imposible volver al frenético ritmo de construcción que teníamos y al salvaje consumo de territorio que veníamos haciendo. Aquello se acabó. La reactivación de la construcción tiene que afrontar la recuperación de los espacios urbanos perdidos. En Dalt Vila, la Marina y sa Penya tenemos tres ámbitos que siguen siendo emblemáticos y pueden recuperar fácilmente la personalidad y el papel determinante que tuvieron en la trama urbana, algo que no ha conseguido el Ensanche. Sólo se trata de dotar a la vieja ciudad de las comodidades que tiene cualquier obra nueva. Algo que una buena rehabilitación puede conseguir sin mayores problemas. Me pregunto cuánto tiempo tendrá que pasar para que nos demos cuenta de que la reactivación de la construcción –que además de mejorar la ciudad puede crear mucho empleo– pasa por revitalizar y hacer habitable la ciudad antigua.