Acontecimientos como los que hemos ido leyendo y escuchando en diferentes medios de comunicación a lo largo de esta semana hacen dudar sobre la justicia que se lleva a cabo en nuestra sociedad.
El pasado viernes celebramos la declaración de los Derechos del niño, sabiendo que son muchos los logros que se han conseguido a lo largo de estos años, pero que aún nos queda mucho camino por recorrer. Cantidad de niños mueren de hambre cada día mientras la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) finaliza una cumbre en Italia sin llegar a ningún acuerdo concreto que pueda solventar un problema que afecta a mil millones de personas y de una manera muy especial a los niños.
Parece que encontrar indigentes muertos en las calles de ciudades es una noticia de grandes urbes, de lugares donde nadie conoce a nadie, pues bien, en nuestra ciudad, Patrimonio de la Humanidad, esta semana ha sido hallado el cadáver de un indigente en uno de nuestros callejones. Las investigaciones nos informarán del motivo de la muerte pero a uno se le queda mal cuerpo pensando que en cualquier rincón de nuestros barrios podamos encontrar a un vecino o a un conocido que ha fallecido sin la más minima atención.
No hace muchos días leía un artículo donde se preguntaba el articulista dónde estaban los indigentes que han sido desalojados del edificio de la Comandancia. Ya empiezan a aparecer.
Y mientras tanto un empresario, y perdón porque no querría ofender a los empresarios, así que matizaremos y diremos un delincuente que tiene empresas, provoca injusticias y desigualdades sociales en sus propios negocios contratando a trabajadores de manera irregular. La sentencia condenatoria por estos hechos que vulneran los derechos de los indefensos, de los ilegales, ha sido unos míseros años de cárcel de la cual saldrá pagando una fuerte cantidad de dinero que ha robado previamente a los mismos trabajadores que durante tantos años ha estado explotando.
Y uno se pregunta, ante todo esto, ¿dónde está la justicia? O mejor dicho, ¿dónde está el sentido común y la honradez de tantos que deberían velar por el bienestar de los ciudadanos? ¿Cómo vamos a acabar con el hambre en el mundo donde tantos poderosos sacan negocio de este genocidio cuando no sabemos cómo acabar con las injusticias que tenemos a nuestro alrededor?