El arquitecto catalán Josep Lluís Sert estaba tan enamorado de la plazuela y de la iglesia de Nuestra Señora de Jesús que dejó instrucciones para que sus restos reposaran en la humilde tapia encalada que separa el mundo exterior del pequeño cementerio que queda junto al templo. Es un lugar que transmite calma y que tiene un enorme atractivo visual. Afortunadamente, el frontis de la iglesia se ha conservado despejado, protegido por la pequeña plaza que, con su cerramiento, ampara también el porxo lateral en el que se han abierto los dos arcos que tuvo cegados. También se ha podido salvar la nota rural que dan la noria y el aljibe que están delante de la iglesia. No pudo evitarse, en cambio, que sustituyeran el naranjal adyacente por la anodina explanada que hoy es aparcamiento y un desangelado cercado de penoso diseño con bancos y arbolitos de muy mala salud que esperamos den en el futuro alguna sombra. Ignoro qué mal hacían los naranjos, cuando en Sevilla se plantan en las calles y los encontramos en la Alhambra, en la mezquita de Córdoba y en el Pati dels Tarongers de la Generalitat Catalana. En Jesús, incomprensiblemente, los naranjos molestaban. En fin, el mal está hecho y, en todo caso, el motivo de estas notas es otro.
Desde hace unos meses quería advertir sobre la necesidad que tenemos de preservar el maravilloso retablo del pequeño templo y que no hace mucho fue objeto de una acertada restauración. Este pasado verano me sorprendió su deterioro y al leer el otro día en estos mismos papeles la valoración que se acaba de hacer del precario estado de conservación de la pintura, he pensado que convenía insistir en la urgencia de encontrar una solución definitiva. Al margen del problema principal que, según los expertos, viene dado por los bruscos cambios ambientales que dan la calefacción, la humedad y la poca aireación, es evidente que los arreglos que en su momento se hicieron en la cubierta de la iglesia no fueron los adecuados porque de nuevo tenemos manchas de humedad y desportilladuras en el techo del presbiterio provocadas por filtraciones que están precisamente sobre las tablas de Rodrigo de Osona. Estos últimos inviernos está lloviendo bastante y la situación empeora sensiblemente. Insisto en ello porque es un problema que debería atajarse de una vez por todas y no dar al traste, como puede pasar, con las mejores pinturas que tenemos en Ibiza.