Es natural que el Gobierno se condecore por el feliz desenlace del secuestro del ´Alakrana´, pero no conviene olvidar que lo que ha liberado a la tripulación del atunero ha sido el pago del rescate. No quiere esto decir que al Ejecutivo no haya de reconocérsele algún mérito: sí, el de no haber perseverado, tras la inicial y absurda detención de dos piratas, en seguir estropeando las cosas. En algo, no obstante, tiene razón Zapatero, en que España ha hecho lo que tenía que hacer, es decir, salvaguardar, por encima de todo, la vida de los tripulantes del pesquero, si bien ha olvidado añadir que en el futuro, y el futuro ha empezado ya, España tiene que hacer más cosas.
Liberada la nave y los pescadores, se supone que el proceso penal abierto contra los secuestradores sigue su curso. Pero, ¿sigue su curso de verdad?, ¿se investiga?, ¿ae dictan providencias?, ¿se emiten órdenes de búsqueda y captura? ¿O, por el contrario, las enfáticas protestas sobre la preeminencia absoluta e inexcusable de la Ley quedarán en menos que nada y los dos detenidos serán parte del rescate, cual parece se ha acordado? Y esos particulares armados hasta los dientes a bordo de pesqueros, ese ejército privado para repeler los abordajes, ¿de qué naturaleza legal goza, qué conflictos suscitará, qué inquietante precedente supone? El Gobierno puede colgarse las medallas que quiera, las que le corresponden y las que no, pero en lo sucesivo no puede limitar su acción, degradándose, a la de simple intermediario en la resolución, mediante pago, de un secuestro. Se ha hecho, dadas las circunstancias, lo que se tenía que hacer, pero ahora hay que ir pensando en cambiar las circunstancias.