Ante lo que se nos viene (todos los organismos pronostican, para 2010, un paro superior al 20%) y tras las limitaciones del Plan E (también conocido, por su eficacia en crear empleo sostenido, como ´abre zanja, tapa zanja´), el Gobierno se embarca en más medidas imaginativas para ocultar nuestro problema social más grave (sin olvidar el maquillaje: ¿por qué la Encuesta de Población Activa –instrumento más fiable para medir el desempleo en España– señalaba un 17,9% de paro en septiembre y Eurostat –organismo que usa la misma metodología para contabilizar el desempleo en la Unión Europea– apuntaba un 19,3%?).
Por un lado, han lanzado un globo sonda: para sacar a España de la cola en las evaluaciones educativas de la OCDE, al ministro del ramo se le ha ocurrido proponer el alargamiento de la escolarización obligatoria hasta los 18 años. Da igual si aumenta el estado depresivo de muchos profesores de Secundaria, incapaces ya de disciplinar a adolescentes de 15 años que no quieren estudiar; si así reducimos la cifra de personas que declaran estar activas…
Por el otro, apuntan a una medida con pedigrí, el ´contrato alemán´: ante una reducción de jornada por causas productivas, el empleado mantiene su vínculo con la empresa y, además, recibe compensación por las horas no trabajadas. Suena bien, pero algunos no reparan en que no tenemos el tejido industrial alemán (sector con aplicación más exitosa de la medida) o en que nuestra economía se basa en pequeñas y medianas empresas. Como en Alemania, dirá el Gobierno. Sí, pero son más pequeñas y más dadas a la picaresca (oficialmente, rebajamos las horas que trabaja el empleado, pero éste sigue trabajando el mismo tiempo y lo cobra en negro).
En fin, como en aquel anuncio, tenemos que aceptar pulpo (o camuflaje del paro) como animal de compañía.