La pasada semana todos los ibicencos estuvimos pendientes de la visita de los evaluadores de la Unesco a nuestra isla y estoy segura de que todas las personas de buena voluntad deseábamos convencerles de que Eivissa merecía y sigue mereciendo ser Patrimonio de la Humanidad. Para conseguir este objetivo era fundamental además de explicar con toda claridad el porqué de la reforma del puerto y los estudios ambientales realizados para medir los efectos sobre el medio ambiente, dar una imagen de unidad de criterio y de acción de los diferentes partidos e instituciones.
El Partido Popular y sus concejales en el Ayuntamiento de Eivissa hemos procurado estar a la altura que las circunstancias requerían, ofreciendo plena colaboración a la alcaldesa para brindar la necesaria imagen de unidad institucional frente a los evaluadores de la Unesco, para evitar cualquier riesgo de perder la declaración de Patrimonio Mundial. Creímos que resultaba imprescindible trabajar todos juntos con transparencia y celeridad, pero también de manera muy leal.
Desde el Partido Popular y desde el comienzo, hemos visto con enorme preocupación las noticias que iban apareciendo sobre el requerimiento hecho por la Unesco al Estado español para que informe sobre el proyecto previsto de ampliación del puerto de Eivissa y su afectación a los bienes declarados Patrimonio de la Humanidad. Y, con mucha más preocupación, hemos presenciado cómo algunos se desmarcaban de lo que dictaban la prudencia y el sentido común en estos momentos: no decir sino lo necesario, a quienes es necesario y cuando es necesario.
El espectáculo kafkiano ofrecido por el portavoz de Eivissa pel Canvi –socio del Partido Socialista en el Ayuntamiento de Eivissa y en el Consell Insular, no lo olvidemos– en todo el asunto de la reforma del puerto y la declaración de Patrimonio de la Humanidad (¡que tanto nos costó conseguir a todos!) ha sido inoportuno y desafortunado y, sin lugar a dudas, constituye una deslealtad hacia estas instituciones en las que, curiosamente, comparten responsabilidades de gobierno y de la que el mismo portavoz es alto cargo, nada menos que de Patrimonio. Lo que ha quedado patente es la capacidad de algunos de traicionar a las instituciones en las que gobiernan, pero sin sacar los pies de esas mismas instituciones.
Seguramente algunos justificarán estos comportamientos asegurando que es «la libertad para expresar sus sensaciones» (una frase tan sin sustancia no podía ser de otro más que de Xico Tarrés y define a la perfección a su autor) y que las ideas se adaptan, como decía el cardenal Richelieu, al calendario (electoral): «La traición, en política, es una mera cuestión de fechas». Con palabras mucho más llanas, Lurdes Costa ha venido a confirmar lo mismo: hoy, un pacto preelectoral; mañana, una traición.
Todo no vale para defender una posición política. Haber obtenido Eivissa la declaración de Patrimonio Mundial es mucho más importante que las estrategias políticas y electorales de algunos partidos y asociaciones que desde el principio han intentado boicotear esta declaración si no conseguían sus objetivos. Necesitamos tener mayor altura de planteamientos y saber debatir en casa, aceptando el resultado del juego democrático.
Todos debemos colaborar con todas y cada una de las administraciones competentes para buscar la mejor solución para nuestra isla, en la que sea compatible un puerto mejor con la preservación del medio ambiente y con nuestra declaración de Patrimonio Mundial. Desde el Partido Popular así lo entendemos. Otros no parece que lo hayan entendido así. ¡Unos auténticos richelieus estos extraños compañeros de viaje! Tomen buena nota.