Ya no sorprende la poca o ninguna coherencia que tienen algunos cargos públicos del Consell Insular d'Eivissa como es el caso del director insular de Patrimonio, el señor Garí, quien aprovechando la sonada visita de los inspectores de la Unesco con motivo de la reforma del puerto, cuestionó una vez más la adecuación de un proyecto que el propio Consell defendió en coordinación con el resto de instituciones implicadas. Incluso el partido de la oposición, el Partido Popular, cerró filas en defensa de la condición de Patrimonio de la Humanidad mientras duró la visita de los evaluadores, pues se trataba de una cuestión que estaba por encima de partidos políticos (excepto por encima de ExC, según parece).
No puedo imaginar qué cara se les quedaría a los inspectores de la Unesco al ver a un alto cargo del gobierno del mismísimo Consell criticando la gestión que se hace del Patrimonio de la Humanidad. Y mucho menos puedo imaginar lo que pensarían al saber que precisamente la misma persona que apoyó la denuncia ante la Unesco por esa supuesta «mala gestión del Patrimonio» es quien lo gestiona en calidad de director insular de Patrimonio del Consell.
La doble personalidad –política– del director insular de Patrimonio ha dejado en evidencia al propio presidente del Consell ante los inspectores y ante todos los ciudadanos de la isla de Eivissa. Porque a pesar de que el señor Tarrés ya ha reñido públicamente a su director insular, no puede destituirlo dada la dependencia que tiene de sus socios de Eivissa pel Canvi para seguir sentado en la presidencia del Consell. Así que, visto que no puede cortar las ataduras que le ha creado su querencia al sillón, intenta salir airoso del embrollo justificando que sus socios de gobierno pueden opinar libremente (aunque esta opinión la paguemos todos después). ¿Alguien se puede imaginar a un secretario de Estado criticando la gestión de su ministro de turno o la del presidente del Gobierno? Pues si, como dice ExC, las competencias en patrimonio las tiene el presidente del Consell, criticar la gestión del patrimonio no sólo es criticar al señor Garí como director insular sino también a su propio jefe, el señor Tarrés. Si el señor Garí está en desacuerdo con la política patrimonial que hacen sus socios de gobierno, lo más lógico sería que dimitiera y saliera de ese gobierno. Porque su cargo político lo es las 24 horas del día y así cobra por ello una dedicación exclusiva. Y por ello, aunque le pese, cuando opina lo hace siempre en calidad de representante del gobierno del Consell y no a título personal o en nombre de ExC. El señor Garí no tiene otro papel político que el que le ha dado su partido, Eivissa pel Canvi, asociándose y apoyando a un gobierno insular del que forman parte, así que no se puede desmarcar del Consell como si nada tuviera que ver con él.
El Dr. Jekyll y Mr. Hyde eran la misma persona. Y lo que hacía Mr. Hyde tenía sus repercusiones en Jekyll. De la misma manera, lo que hace Mr. Garí como portavoz de ExC tiene repercusiones en el director insular de Patrimonio y representante del Consell. Porque el alto cargo y el político son la misma persona. Ahora es el señor Garí quien debe elegir quién quiere ser, ¿el Dr. Jekyll o Mr. Hyde?.