Le he dado a mi columna un título de claras reminiscencias larssonianas para ver si así engaño a algunos lectores que se interesen por lo que yo escribo por si tiene algo que ver con las intrigas de la saga Millennium. Es una pequeña licencia que me van a permitir porque lo que quiero es recordar aquí las tribulaciones de unos padres para conseguir un poco de sombra para su pequeño hijo, afectado por una de esas enfermedades a las que, por excepcionales, la ciencia llama raras. Maribel y Joan Antoni, preocupados por la frágil salud de su hijo y dispuestos a todo para que no sufra y pueda disfrutar del ratito del patio como el resto de sus compañeros, esto es, jugando feliz, decidieron pedir un toldo que proporcionara un poquito de sombra al soleado patio del colegio Portal Nou. En principio ni a Maribel ni a Joan Antoni (ni a mí) les pareció que estuvieran pidiendo un imposible pero, ay, queridos lectores, la ingenuidad de esta pareja se dio pronto de bruces con la intrincada maquinaria de la burocracia tras la que algunos políticos defienden su incompetencia.
La conselleria de Educación les informó de que no era un asunto de su competencia y sin demasiada delicadeza les envió al Ayuntamiento de Vila. Allí los protagonistas de esta historia se toparon con el desdén de la concejala de ¿Educación?, Irantzu Fernández, que ha interiorizado muy pronto, a pesar de su juventud, los peores tics de algunos políticos veteranos, esos que a cada momento te recuerdan aquello de «usted no sabe con quién está hablando». No contaba sin embargo la regidora con la fuerza interior que mueve a todos aquellos que somos padres y que Belén Esteban (que visto lo visto no desmerecería en alguna que otra concejalía) ha resumido muy bien: «¡Yo, por mi hija, maaato!». Así que desesperados y dolidos por la increíble falta de sensibilidad y de tacto de los políticos, los padres no vieron otra salida que la de acudir a la prensa, que debe ser el diablo para Irantzu Fernández. La concejala, lejos de aportar alguna solución como servidora pública que es, y muy ofendida, recordó que el Ayuntamiento estaba siguiendo «el protocolo establecido», frase vacía que viene a significar algo así como ´no es problema nuestro y, si quieren un toldo, que se lo pague otro´.
La reacción ciudadana tras la publicación de la noticia fue inmediata: una cascada de comentarios en la edición digital y en la sección de opinión de este diario dejaba clara la opinión mayoritaria, que podemos resumir con el título de una de las cartas: «¡Por Dios, si es sólo un toldo!». Poco después, llegó la solución: la conselleria se encargará de instalar la sombra que Vila se niega a pagar. Los padres han agradecido el detalle en una carta, mientras que la concejala sigue actuando como si ella fuera la víctima y no un crío de tres años. ¿Y el pequeño? Bien, gracias.