Sin querer, Esperanza Aguirre ha divulgado los extraños protocolos que gobiernan al PP. La Sarah Palin española ha confesado que «con zapato plano no hago declaraciones», a traducir por ´Rajoy no tiene tacones de destituirme´. En una primera aproximación anatómica, queda claro que la elevación propiciada por los tacones acerca sus pies a su cerebro, reforzando con esta aproximación el funcionamiento acompasado de los dos órganos claves del pensamiento y de la ideología de la primera dama de la derecha. Desde el punto de vista armamentístico, sólo unos stilettos le conceden un instrumento lo suficientemente afilado para aguijonear el maltrecho liderazgo de Rajoy. En lugar de un Colt, utiliza unos manolos, más mortíferos.
La presidenta de Madrid confirma la extendida sospecha de una correlación entre el zapato plano y el encefalograma plano que caracteriza en los últimos tiempos a la cúpula del PP. La primera víctima de este abajamiento es el propio Rajoy, que no habla con los periodistas. Por su estatura, el líder accidental de la derecha no necesita las prótesis que han conferido envergadura de estadistas a Berlusconi o Aznar. Sin embargo, encaramándolo en unas plataformas, la sangre se le dispararía hacia el neocórtex y podría responder con la energía requerida al desmoronamiento de su partido.
Los más escépticos señalarán que el carácter ultraplano de Rajoy –a quien López Vázquez llevaba medio siglo interpretando en los escenarios– no se realza ni con unos Jimmy Choo, por lo que precisará directamente de zancos. Cualquier cosa antes que padecer discursos anodinos y con los talones a ras de suelo, como el ´alguien ha matado a alguien´ que pronunció ante el comité ejecutivo de su partido. Un surtido de tacones podría lograr que amainara el canibalismo no estrictamente político aunque pornográfico en abundancia que se ha desatado en el seno del PP, a falta de que Aguirre detalle si el calzado ha de complementarse con una lencería concreta y no menos estricta.