Ese poeta francés dijo que «partir es morir un poco». Los poetas se permiten recursos que en prosa son inadmisibles. ´Morir un poco´ es filosóficamente un contrasentido. Nadie se muere un poco, nadie está ni puede estar medio muerto. Cabe la expresión cuando estás muy cansado o muy triste, o abatido, o como lo califican los psiquiatras: encontrarse ´sin objeto´, sin estímulo, sin ganas de vivir. Como algunos enfermos de aquí que tienen la mirada perdida, el cuerpo quieto, sin ese no sé qué que siendo jóvenes nos mantiene ágiles y decididos. Conforme vas envejeciendo, tus movimientos van siendo más lentos, más inseguros. Sentimos que los pies se van convirtiendo en raíces, apegados al suelo, atraídos por la madre tierra, que reclama lo que es suyo. «Eres polvo y en polvo te convertirás». Algún poeta, excelente poeta, llamó ´polvo enamorado´, a los restos de quien adoró en vida. ¿Qué misterio, como cualquier otro sentimiento es eso del amor, con tantos matices, con tantas contradicciones?. «Aguda espina dorada...». «Se canta lo que se pierde...» Siempre los poetas acudiendo a nuestro encuentro cuando intentamos expresar penas y sinsabores. «Cum subius illius tristissima noctis imago...», dice Ovidio en la ´Tristia´, evocando la última noche que estaba en Roma, porque al día siguiente debería caminar hacia el exilio.
Yo no tengo miedo a la muerte, porque me inclino a pensar que es un cambio de sustancia, intemporal e inespacial, que no se ve, ni se toca. Yo siento la presencia de mi gente del más allá, siento que están conmigo, que me acompañan y que alguna vez, excepcional, arreglan mis aparatos domésticos descompuestos. No se rían, por favor. Yo presiento la estancia de mis hijos, sobre todo Juan, que era un manitas y con aquellas manos, de dedos alargados y sensibles, era capaz de hacer que algún objeto inútil, reviviera de nuevo y resultase útil para el uso para el que fue elaborado.
En esta casa también está muy claro que los cuerpos son asimismo instrumentos de trabajo, que un mal día se rompen y hay que repararlos, como mi tostadora, o el enchufe de mi cuarto.
Me dicen mis amigos los astrólogos (que también hay) que no tengo ninguno de mis planetas en el signo zodiacal de Tierra, ninguno; por ninguna parte piso tierra, es decir, que carezco de sentido práctico y me temo que los planetas no mienten esta vez. Sí tengo mi ascendente en Leo, y eso sí que me molesta, porque Leo es el Sol, la estrella luminosa más prepotente, la que sobresale a su pesar. Sobresalir no es buena cosa en un mundo de mediocridades como es éste. «Ni envidioso, ni envidiado», dice otro poeta. «En comunidad, no muestres habilidad», porque te cargarán con todos los desperfectos que vayan surgiendo. Yo soy como dicen los ibicencos cuc de forat, y es cierto. Yo me siento ´en mi sitio´, en esta diminuta habitación en donde tengo todo cuanto pueda desear, y la enorme comodidad de no necesitar ningún manitas, ni fontanero, ni carpintero, ni electricista. Aquí todo lo tengo a mano, con un equipo de empleados de mantenimiento que saben de todo, que lo componen todo, que lo reviven todo. Sólo añoro tu presencia. Llevo seis años enganchada a una imagen, que es invento mío. Pero para eso no hay remedio.