Me gustaría dejar constancia de mi humilde opinión sobre el artículo del pasado 4 de noviembre en el que la señora Pilar Costa expone su trayectoria como madre trabajadora y hace hincapié en que cada día habrá más facilidades para conciliar la vida familiar con el trabajo. Hasta aquí perfecto. Pero... ¿Esta imagen se corresponde con la realidad? Pues humildemente pienso que no.
Las personas que lo pueden hacer son una minoría. Quiero pensar que como es imposible que se pueda estar en misa y repicando, de la mitad de las cosas que suceden a los ciudadanos de tercera, como es mi caso, la señora Costa no tiene conciencia, ya que si no, no comprendería sus palabras.
Soy una mujer de 58 años, separada y sin ningún tipo de pensión. Hace exactamente tres meses me ofrecieron una plaza para la sustitución de un embarazo, pero había una condición: tenía que renunciar a mi hora de reducción de jornada que había solicitado por tener una madre dependiente de 101 años, que no cobra un duro y que se queda sola desde las 7 de la mañana hasta que vuelvo del trabajo. Tampoco gano lo suficiente para que venga una persona a casa cada mañana, pues no cuento con ninguna estabilidad laboral.
No me lo podía creer, tenía que renunciar por escrito a un derecho que me corresponde por ley, simplemente porque el responsable del departamento al cual tenía que integrarme no quería reducciones de jornada. Una buena manera de dar ejemplo de lo que nuestros dirigentes tanto promueven: conciliar la vida laboral con la familiar.
Señora Costa: con todos mis respetos, no dudo de sus buenas intenciones, ya que ha sido merecedora de la confianza por parte de la isla de Ibiza en muchas ocasiones, pero hablar en los medios y dar una imagen es una arma de doble filo ¿no cree?