Colón se ha puesto otra vez de moda a consecuencia de la información que distribuyó la agencia Europa Press el pasado 12 de octubre, con relación al libro publicado por la doctora Estelle Irizarry, que lleva por título ´El ADN de los escritos de Cristóbal Colón´.
La autora norteamericana es profesora emérita de la Universidad de Georgetown, Washington DC, y en sus conclusiones propone que el celebre navegante era un escritor elocuente y hasta poeta, judío converso, catalanohablante, natural de un territorio de la Antigua Corona de Aragón y que, por la forma de puntuar sus manuscritos, el ADN lingüístico apunta a Ibiza.
Y no vean la que se ha armado en la Península Ibérica, especialmente en Cataluña, en donde demandan un Colón noble y nacido en el Principado. Una vez más, política, localismo y fanatismo se han unido para reclamar el controvertido origen del Almirante.
El problema es que no es lo mismo ser catalán que hablar catalán, al igual que los topónimos catalanes no son nombres de lugar de las costas de Ibiza y de Formentera, que, en realidad, fueron los usados por Colón en sus viajes descubridores. A Cataluña, pues, lo que le corresponda y a las Pitiusas, también.
De manera que un prestigioso profesor universitario catalán me ha escrito para decir que «es una lástima que cierta prensa sólo publique los artículos sensacionalistas». Y añade: «No me extraña que la mayoría de historiadores profesionales se mantenga al margen del tema».
Y desde Madrid, otro amigo, relevante profesor universitario, opina que «desde la universidad esto se ve como una colección de pseudoestudios politizados con oídos cerrados para todas las teorías que opinan lo contrario. Hay una maraña de pseudohistoria que no deja ver los estudios serios, ahogados en información tendenciosa».
Así que, habiéndose realizado estudios serios para saber si la lengua propia de Colón era la catalana, llevados a cabo y publicados por Josep M. Castellnou, Caius Parellada y Pere Català Roca, ya difuntos, junto a los de Nito Verdera, Lluís de Yzaguirre y de Estelle Irizarry, propongo que sean examinados por el Institut d´Estudis Catalans, única institución académica que puede dictaminar sobre el tema de la lengua catalana, propia de Colón.
Todo ello teniendo en cuenta que el filólogo Menéndez Pidal ya dejó claro en 1942 que «el español de Colón no era su lengua materna, sino un idioma aprendido y que, en cuanto al italiano, no lo usa en ninguno de sus muchos relatos y documentos, y que no sabía escribirlo».
Aprovechemos, pues, el aire fresco que llega desde los Estados Unidos para poner a Colón en el lugar que verdaderamente le corresponde.