Traigo de nuevo a colación la forma en que la Demarcación de Costas y el Consell de Ibiza están gestionando el asunto de eliminar (unas) y salvaguardar (otras) casetas varadero. En su momento advertía de que lo peor que podía pasar es que no se diera a todos los usuarios (no digo propietarios, porque no lo son) un trato diferente. Y es lo que parece que está sucediendo. Costas advierte de que, al menos de forma inminente, no prevé derribar más casetas, pero, sorprendentemente, no explica la razón. ¿Quieren, tal vez, que pase el tiempo y se apacigüen las aguas para volver al martillo-pilón? ¿Se han dado cuenta de que metían la pata y tratan de replantear el asunto? ¿Buscan una mayor implicación del Consell para que la responsabilidad no sea sólo de Costas? Si no lo explican, cabe cualquier posibilidad o todas ellas a la vez.
Lo que está claro es que las decisiones tomadas hasta ahora han sido confusas, discriminatorias y precipitadas. Y es así porque los criterios de preservación y de derribo están lejos de ser objetivos. No se entiende, por ejemplo, que la declaración por parte del Consell de zona protegida o susceptible de protección sea la norma que salve determinadas construcciones. ¿Quiere decirse que se salvarán las casetas que sean aberrantes por el mero hecho de estar en una zona protegida? Al margen de su ubicación, el criterio de demolición debería ser intrínseco y estar en función del valor patrimonial –etnológico, paisajístico. etc.– que las casetas tengan por sí mismas. No se debería ejecutar demolición alguna sin tener las cosas claras. Y si están claras, es evidente que la acción debe alcanzar, sin excepciones, a todo el litoral. Lo que ahora se hace –demoler unas y dejar el resto al albur– es discriminar: ´dar por motivos políticos, un trato injusto, de favor o de inferioridad, a una persona o colectividad´. Es lo que dice el diccionario. Y una última cosa: me ha parecido una salvajada derruir las casetas de la desembocadura del río de Santa Eulària sin salvar las barcas que abrigaban. Tal vez sus propietarios no las sacaron para evitar el derribo, pero quienes lo ejecutaron hubieran dado muestras de sensibilidad y sentido común si las hubieran salvado.