Hace poco mas de un año, un alcalde –creo que de Sant Josep– pedía disculpas públicamente a los vecinos por el ruido que habían sufrido en el verano. Reconocer un problema, pedir disculpas e intentar poner remedio y buscar soluciones es gobernar, estar en sintonía con el ciudadano.
En democracia, cada cierto tiempo los políticos son elegidos para que atiendan al buen desarrollo de las instituciones. El ciudadano les da su confianza y espera un gobierno en el que haya transparencia, respuesta, y en el que exista un marco jurídico eficaz, en el que las normas se hagan cumplir y se tienda a mejorar la calidad de vida de la
sociedad. ¿Qué hacer cuando no sucede así? El ámbito municipal es el más próximo a la vida de cada uno de nosotros, en el que es fundamental una gestión acertada.
En Sa Riba, las normas, los pepris, las leyes, las ordenanzas, no son más que una quimera, una forma de gastar papel y estropear el medio ambiente –ya bastante deteriorado–, un gran engaño. Los
incumplimientos, evidentes y reiterados, se ceban en un barrio de casas muy pequeñas, de trabajadores, de gente mayor. También hay familias con menores, como sabe el Ayuntamiento, ya que alguna vez han sacado sus cuadernos de dibujo en los mismos despachos en los que sus familias pedían clemencia y han dejado constancia de su existencia con firmas en escritos dirigidos a la alcaldesa. El ruido hace daño. ¿Por qué no dejarnos vivir, qué mal ha hecho este barrio, por qué este no-amor de los políticos al vecino, este no-respeto?
El equipo de gobierno tiene en sus siglas la o de obrero, la i de izquierda, y la c de cambio. Sorprende. Qué contradicción con el comportamiento y la impresionante dejación de funciones de los políticos que tienen responsabilidades concretas en el barrio. ¿Qué intereses son los del Ayuntamiento que no coinciden con los de los
vecinos? ¿Exclusivamente económicos?
En un barrio muy castigado, quienes habían ganado estas elecciones habían abierto un horizonte de esperanza. Parecía que, ahora sí, las cosas iban a cambiar. Pero la realidad canta muy distinta. Quizá porque somos parte del centro histórico, en la receta que a cada uno nos ha llegado de Can Botino está escrita sólo una palabra: eutanasia.¡ A morir que son dos días ! Qué gran decepción, la respuesta es el hoyo, y anticipado.
Esta situación es insostenible. Los partidos políticos deberían establecer un sistema de recambio en los casos en los que, por los motivos que sean – cansancio, aburrimiento, falta de aptitud o actitud, o todo junto-, sus representantes no cumplan con las tareas que les han sido encomendadas. Y aquí gloria y después paz.
Finalmente, mucha paz.
(*) Cecilia Galbis es presidenta de la Asociación de vecinos Sa Riba