Un desliz del nuevo conseller balear de Cultura dejó al descubierto el martes el proyecto de convertir el antiguo acuartelamiento militar de sa Coma en un campus universitario. Involuntariamente, Bartomeu Llinàs frustró los planes del Consell para divulgar esta iniciativa en una cuidada presentación pública y precipitó el anuncio oficial de lo que ya era informativamente imparable.
La gran extensión de sa Coma da mucho juego para albergar infraestructuras y equipamientos de todo tipo. Sólo el polígono urbanizado en el que se concentran las edificaciones, que es apenas una cuarta parte de todo el terreno disponible, proporciona un espacio equivalente a 16 campos de fútbol como el de Can Misses o 22 manzanas del ensanche de Vila. En sa Coma funciona ya el centro de menores del Consell y se sabe también que en la vaguada del campo de tiro (el paraje más apartado de las 50 hectáreas del antiguo cuartel) se construirá la nueva depuradora de la ciudad o que en ese entorno habrá un circuito de motocross. En su día se apuntó además que sa Coma podría acoger un centro de tecnificación deportiva de alto nivel y una base del 112 y de todos los servicios de emergencia de las Pitiüses, pero nada se había dicho de cómo iban a aprovecharse la docena de pabellones y edificios existentes. Ahora ya se sabe: convertirse en un campus compartido por la Universitat de les Illes Balears, la Universidad Nacional de la Educación a Distancia, la Escuela de Turismo y la Escuela Oficial de Idiomas, todas ellas con una gran demanda y colapsadas en este momento por la falta de espacio para funcionar decentemente. Esta alternativa resuelve de una tacada muchos problemas de esos centros y libera instalaciones para otros fines. La concentración en sa Coma proporcionará a las instituciones académicas implicadas espacio suficiente para atender todas sus necesidades con costes de acondicionamiento relativamente bajos y posibilidad de ampliarlo en el futuro, permite compartir servicios comunes, ofrece facilidad de aparcamiento y está bien comunicado. Es sin duda una opción mucho mejor que la antigua Comandancia militar, cuya necesaria rehabilitación permitirá recuperar un valioso inmueble apto para multitud de usos, incluidos los docentes, pero cuya limitada superficie planteaba muchos inconvenientes para unos centros que están en continua expansión.
Sa Coma ofrece tantas posibilidades que es preciso ordenarlas en un plan de usos que distribuya los espacios, defina los accesos públicos y vías de circulación interior, habilite zonas para nuevas edificaciones y establezca cómo se efectuará y financiará el mantenimiento de las partes compartidas del recinto, entre otros detalles para regular la convivencia de tantos organismos distintos. Al propio tiempo debe planificarse también el destino de los edificios públicos que dejarán vacíos los traslados a sa Coma, como el centro polivalente de Cas Serres o el actual edificio de la UIB, además de plantearse seriamente si resulta adecuado mantener un centro de menores incrustado en el futuro campus universitario.
Sin duda quedan flecos por resolver y se necesitará una gestión eficaz del proyecto, pero el Consell ha planteado al menos una alternativa inteligente, viable a corto plazo y que puede dar mucha vida a sa Coma como gran complejo de servicios para la isla.