Con la nitidez que proporciona una ecografía, así va destilando el PP su doctrina respecto al aborto. Los contornos son tan difusos que el no iniciado se ve incapaz de hacerse una idea de lo que ve y de lo que oye. Quizás eso sea lo que se pretende, pero sería exigible que el principal partido de la oposición dejase clara su idea en materia tan sensible. No se puede defender a un tiempo dejar las cosas como están, avalando la actual regulación que contempla el aborto en determinados supuestos, y colocar a destacados dirigentes del partido en la cabecera de una manifestación que no cargaba contra la reforma, sino contra el hecho de abortar, identificándolo con un homicidio.
No se puede reclamar al Gobierno que escuche el clamor ciudadano sin dejar claro qué parte del clamor suscribe. No se puede criticar la posibilidad de que chicas de 16 años puedan abortar sin el conocimiento y el permiso de los padres, sin dejar claro qué hacemos, en caso de que se opte por una regulación distinta, con aquellas chicas que sin querer abortar se vean obligadas a hacerlo por decisión paterna.
Es muy legítima la postura de quienes se oponen al aborto y muy respetables las convicciones de quienes creen que al interrumpir un embarazo se acaba con una vida. Pero produce sonrojo la actitud de quienes quieren estar en misa y repicando. Mención especial merece la presencia de Aznar en la manifestación. El hombre que mantuvo la ley del aborto y no hizo lo más mínimo para derogarla, bajo cuyo mandato se practicaron medio millón de interrupciones de embarazos, no puede convertirse ahora en el portador de la pancarta.