El domingo 18 de octubre asistí en el recinto ferial a la comida de la asociación Afaef (Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Ibiza y Formentera). Me apetecía pasar un domingo diferente, a la par que solidario, pero lo que me queda es un mal sabor de boca..., y no por el arroz de matanzas que prepararon con todo su cariño los cocineros, no por el servicio realizado con toda la buena voluntad por los familiares y los voluntarios, sino por quien se supone debería dar ejemplo de sencillez y agradecimiento hacia las personas allí reunidas: la presidenta de la asociación.
Señora presidenta: lo que usted tuvo, tanto con el público allí presente (que recordemos está para aportar ayuda económica a esta asociación) como para los colaboradores de la asociación, fue una falta de respeto total y absoluta, hablándoles de la manera que lo hizo.
Al llamar a los cocineros al escenario para hacerles entrega de unos trofeos, en vez de subir dos suben cuatro (porque eran cuatro los que cocinaban) y como se encontró que no tenía regalos para todos les dice: «¡Hala, pues, os lo repartís, y si no, la próxima vez avisáis que sois más!»). Y dirigiéndose al público hizo comentarios como estos: «¡Estoy harta de pasar por las mesas y que me hagáis comentarios y quejas!», pues un espectáculo de cuatro horas non stop resulta tedioso, no por la calidad de los grupos de baile, escuelas, etc., allí reunidos, sino por la organización del tiempo del mismo.
Y como colofón a sus comentarios inoportunos, nos dejó esta otra frase: «El año que viene se hará en petit comité, pues yo no vuelvo a repetir esta experiencia».
Señora presidenta: si usted no aprende un poco de humildad, el año que viene no será en petit comité, ¡será usted sola!