Vamos, digo yo...
Ya puede verse en las salas de los cines españoles la película de Amenábar. No sé si iré a verla. Primero porque la historia, triste historia de trágico final, ya me la sé, inicio, desarrollo y desenlace; y aunque en general los críticos la han elogiado mucho, alguien dijo algo que encendió las luces de alarma en mi cansado cerebro: es por lo visto una película de masas, de gente corriendo de acá para allá dirigida desde fuera por un iluminado. Alguien dijo que a las masas sólo pueden controlarlas los poetas... y los agitadores, y que esos no tienen ideología. En otro sitio leí: «No hay nada que se parezca más a un fundamentalista de derechas que un fundamentalista de izquierdas». La acción es lo que cuenta. Mi formación, a mi pesar cartesiana, ha impedido que me tumbe plácidamente en un reposado intermedio, en un puesto crítico, analítico. Y pensándolo bien, creo que no es mal lugar, y que me perdone el maestro Mingote (el del chiste en que están un puñado de esforzados y sudorosos obreros subiendo a duras penas una enorme mole de piedra; hay dos espectadores, con puro en la boca para más inri, y le dice el uno al otro: «Deja, deja que trabajen ellos, que más tarde iremos nosotros a recoger los resultados»). En política reconozco que me mojé lo imprescindible, aunque mi pensamiento cambió muy poco, sigo siendo de izquierdas y progresista, aunque hay tanto barullo en el escenario que vaya usted a saber. Me entristece hablar de ello.
Pero hablemos de ´Ágora´. Después de ver ´Mar adentro´, que me gustó mucho, sobre todo las interpretaciones, ya había visto ´Los otros´ (que no me gustó, y menos la Nicole esa, que es sosa y mala actriz, y digan lo que quieran los demás). Después, digo, de ver las anteriores, recibí con alegría la noticia. Una peli de romanos. Más aún, de romanos, egipcios, griegos de casi todas las ideologías. Se sitúa en los finales de la Biblioteca de Alejandría, que ardió varias veces, la primera por un escuadrón de César, que quiso darle gusto al general, pero le salió el tiro por la culata. El último incendio fue en la primera mitad del siglo IV, cuando Alejandría había heredado la primacía cultural de Atenas y de Roma juntas. El director de la institución tenía una hija listísima y guapísima, y amiga acérrima de la verdad. Era neoplatónica (a caballo entre la filosofía griega clásica, Platón y Aristóteles por ejemplo, y la cristiana). No hacía demasiado que los cristianos habían conseguido la oficialidad y la cándida Hipatia intentó mediar en un conflicto, donde todo era un caos. Los cristianos, con el obispo Cirilo a la cabeza, la condenaron a muerte, y un mal día cuando iba a trabajar a la Biblioteca, la turba abordó su carro, la maltrataron, torturaron, y Dios sabe cuánto y cómo, porque a mí me contó la historia hace unos años Carl Sagan, en un reportaje televisivo y un libro, titulado ´Cosmos´, que allá andará por casa. Unos dicen que era virgen, y que sólo le gustaba la investigación; otros, que era demasiado amiga del procónsul romano, que había sido alumno suyo. Estoy segura de que será un excelente film, pero, ya les digo, dudo que vaya a verla.