Es una fecha a recordar, pues fue el año en el que las Hermanas Agustinas del Amparo fueron fundadas por el sacerdote mallorquín Sebastian Gili Vives. Ayer, las hermanas y tantas personas vinculadas con la congregación, celebramos dicho acontecimiento ya que pocos años después su labor se extendió por nuestra isla de Ibiza.
A lo largo de estos 150 años las hermanas no han dejado de atender diferentes obras de caridad, prestándose día y noche a las necesidades del prójimo con cariño y con esfuerzo en los diferentes aspectos humanos. Se han dedicado a cuidar en las dimensiones educativas, culturales, sanitarias y sociales de tantos y tantas necesitados que no podemos dejar de agradecer su labor.
El esfuerzo de la congregación no se limitó a nuestras islas y al resto de provincias de nuestro país, también descubrieron la necesidad misionera y llevan años trabajando en otros países donde del mismo modo siguen desarrollando su actividad pastoral.
Fueron, y son conscientes, de la realidad misionera de la Iglesia. No existe Iglesia sin misión, de la misma manera que no existe sin celebración y sin el ejercicio de la caridad.
Desde 1926 se celebra el Domingo Mundial de las Misiones, el Domund, fijado para el penúltimo domingo del mes de octubre, una jornada en la que se corona el esfuerzo de animación misionera de todo el año. Jornada que, este año, coincide en nuestra Diócesis con la fiesta del aniversario de la fundación de la congregación de las Agustinas del Amparo.
Todos tenemos que solidarizarnos para erradicar la pobreza y los misioneros son los mejores testigos de este amor solidario. No encontraríamos a un misionero sin tener un cobijo para atender las necesidades de los pobres. La pobreza tiene varias caras: falta de alimentos, falta de formación, falta de sanidad, falta de trabajo… falta de amor según el Evangelio. Ahí están los misioneros alentando y promoviendo la dignidad humana en sus múltiples facetas de lo humano, lo formativo, la fraternidad y el sentido religioso de la vida. Es una labor integral de la persona de la que todos formamos parte y de la que las Hermanas Agustinas del Amparo han sido y son testigos.
En estos momentos difíciles se debe tener más conciencia para ayudar a los demás. Esperamos que sigamos siendo generosos como siempre lo hemos demostrado apoyando económicamente los proyectos de nuestros misioneros y con nuestras oraciones.