Responsables de varias de las organizaciones no gubernamentales de Ibiza me han comentado que, algunas veces, llaman a su puerta personas –jóvenes en su mayoría– deseosas de colaborar, que, sin embargo, lo primero que preguntan es: «¿Aquí, cuánto se cobra?». Son anécdotas que los voluntarios que dedican su tiempo libre a ayudar a los demás relatan con una sonrisa porque está claro que el interés económico no va con ellos. Estos días hemos podido leer cómo organizaciones como Cáritas o Cruz Roja no dan abasto para atender a las crecientes peticiones de ayuda de la población ibicenca. Y estamos hablando de cosas tan básicas como alimentos (por cierto, ¿podríamos dejar de donar yogures a punto de caducar y ser algo más generosos?).
Contrastan los esfuerzos de tantos benefactores anónimos con lo que está ocurriendo paralelamente en la vida política de este país, donde abundan los voluntarios que cobran por no dar un palo al agua. Y, a pesar de tener unos sueldos que doblan y hasta triplican la media de los ciudadanos corrientes, algunos siguen sin tener suficiente. Hasta la pequeña y tranquila localidad de Sant Joan ha llegado el aliento putrefacto del cabecilla de la trama Gürtel que no contento con reformar una casa en uno de los lugares más bellos de Ibiza pretendía, con la anuencia de su arquitecto ibicenco, saltarse a la torera la legalidad. Más metros, más altura, más volumen, más piscinas, más torreones, más baños...Ahí está, afortunadamente paralizado por el pequeño pero matón Ayuntamiento de Sant Joan, ese monumento a la ostentación del señor Correa, que ahora reside en una habitación sin vistas a cuenta del Estado (y ojalá la disfrute muchos años). Ya me parecía a mí que tanta gomina no podía ser buena para el cerebro. De hecho ante tanto mangoneo se diría que más que echársela a litros sobre su cabeza, la esnifaban.
Lo más triste, con todo, no es el papel de estos tipejos con nombres de payaso –Don Vito, el Bigotes (medio sobrino de Pajares)...– que no tienen ni puñetera gracia, sino el de esos políticos que buscan en el poder una plataforma desde la que trincar hasta reventar. Lamentablemente, siempre habrá algún que otro politicastro de tres al cuarto que se venda, o nos venda a todos, por sexo de pago, por un coche de lujo, por un traje o por un reloj. Valores que siguen cotizando al alza entre el politiqueo.
Mucho se ha hablado de la erótica del poder y de lo difícil que resulta después de haberlo alcanzado renunciar a él. Balears también aporta su cuota de políticos involucrados en presuntos casos de corrupción y algunos siguen en cargos de responsabilidad. Todos sin excepción proclaman su inocencia y afirman ser víctimas de retorcidos complots. Para ellos, la erótica del poder es ya porno puro y duro. No sorprende que, a diferencia de las ONG, a la política le sobren voluntarios. Estoy por tomarme los yogures caducados de Cáritas.