Con rara y sospechosa unanimidad se ha echado a correr la especie de que la trama de corrupción del Caso Gürtel perjudica al PP, cuando lo cierto es que a quien perjudica es a España y a los españoles. Es más; es el PP, metido en esa trama corrupta, el que les perjudica, de modo que no es que Rajoy deba echar a éste o a aquél descubiertos con las manos en la masa, sino que debería dar largas y profusas explicaciones a la gente, cuando no a los tribunales en algún caso, sobre la existencia en su partido, en cargos públicos de responsabilidad y con acceso a la caja, de una nube de quinquis, logreros y ladrones. No se trataría, en suma, de la necesidad de que Rajoy lave la imagen del PP para no perder votos, sino de que limpie o sea obligado a limpiar los profundos del partido, cosa de gran interés para el conjunto de la población.
Porque el caso Gürtel no sólo ha revelado el enquistamiento en uno de los dos grandes partidos nacionales de gentuza sin otro norte que la exacción y el despojo de sus semejantes, sino también una especie de PP paralelo (Orange Market, El Bigotes y todo eso) en el que se cocía una parte de la política interior de éste, particularmente de la económica y la de personal. Si ya es gravísimo que los electores otorguen su confianza, sea por mala educación política, por sectarismo o por el sistema electoral vigente, a tipos de pésima catadura moral y de notoria indigencia política, más lo es que los que acaban haciendo y deshaciendo no hayan sido ni elegidos siquiera. Toda esa mugre y toda esa insania no se arreglan con que Rajoy o Aguirre corten esta o aquella cabeza para exonerarse, al fin, de toda responsabilidad y culpa, pero ellos, que lo saben, también saben que pueden volver a ganar tranquilamente allí donde más casos de corrupción ha protagonizado, presuntamente o no, gente de su partido.