Recuerda el lector cuando el Gobierno nos aseguraba que, en España, la crisis no nos haría superar los 2 millones de parados? Pues bien, ya estamos en 3,7 millones y nadie duda que el desempleo alcanzará el dramático índice del 20%. Este oscuro panorama me hace pensar en la peculiar situación que vivimos en Ibiza, donde buena parte de la población está ya habituada al trabajo estacional, viendo como normal el obligado letargo del invierno: se trabaja de junio a septiembre y se vive del paro –a la fuerza ahorcan– el resto del año. Y lo peor de esta situación es que a nuestros políticos locales –resignados a esta endémica hibernación de brazos caídos– no parece inquietarles especialmente esta nefasta estacionalidad laboral. Uno diría que cuentan con ella y, de hecho, andan en otros menesteres, discutiendo con la oposición el drenaje de las autopistas, los carriles de las bicicletas o la buena o mala ubicación de la depuradora.
Traigo el asunto a colación porque, con la que está cayendo, la principal ocupación de quienes gobiernan –y de quienes están en la oposición– debería ser poner toda su imaginación en el objetivo común de crear empleo. Contando, por supuesto, con la iniciativa privada, a la que convendría incentivar. En alguna ocasión hemos insistido en la conveniencia de potenciar ambiciosos proyectos que, incomprensiblemente, están al ralentí, cuando deberían avanzar a velocidad de crucero: las salinas, el cultivo masivo de plantas aromáticas que promueve Marí Mayans para crear esencias, convertir la isla en un centro de creación musical, los productos autóctonos, nuevas cooperativas, la artesanía insular, el turismo de invierno etc. Sorprende, por ejemplo, que en este último capítulo se plantee como gran ocurrencia el ´Proyecto Playas siglo XXI´ que se conforma con atraer a cuatro turistas y residentes, cuando se trataría, más bien, de promocionar la isla fuera de la isla como consiguió cierto anuncio de cerveza con relación a Formentera. Hay que empezar a decir –porque es la verdad– que cuando nuestras islas son verdaderos paraísos es precisamente en invierno. Y trabajar el enorme potencial de nuestra oferta: climatológico, paisajístico y patrimonial. Nos sobran argumentos. Sólo hace falta darles cuerpo y lanzar sin miedo fuertes campañas de promoción. El turismo no cae del cielo.