Hace unos días me preguntaba lo que nos iba a costar a todos la negociación del Gobierno central con las minorías para salvar unos Presupuestos Generales del Estado que no gustaban a nadie. Entonces las dudas eran los dineros, el vil metal que, en tiempos de crisis, envilece aún más cuanto le rodea. Pero hay otro punto de vista ético que me vuelve a llevar a la reflexión sobre la actitud de los partidos nacionalistas más radicales.
El Partido Nacionalista Vasco (PNV), para dar el «sí, quiero» a unas cuentas que no le convencen, ya ha anunciado que el Ejecutivo tendrá que pasar por tres «estaciones previas»: el blindaje del concierto vasco, la devolución de 465 millones de euros de IVA a Álava y transparencia en las transferencias acordadas entre Vitoria y Madrid.
Frente a estas peticiones/exigencias, el Gobierno central tiene ahora dos opciones: decir que sí o decir que no. Si realmente está de acuerdo, aceptamos el sí como respuesta; lo malo que es ni el blindaje ni menos aún la devolución del IVA, estaban en sus planes. Pero al menos el PNV pide/exige algo que realmente entra de lleno en el debate que se avecina.
Otro caso, esta vez más aberrante, es el de ERC. Ridao reconoció estar «muy decepcionado» con los presupuestos anunciados y anunció que su grupo estaba mas cerca del no que del sí. Hasta ahí todo correcto. Lo malo es lo que sigue. Y lo que sigue es que aseguró que sería «irresponsable» no aprovechar la debilidad del Gobierno central y cambiar así su apoyo por la gestión del aeropuerto de El Prat o la recepción de TV3 en el territorio del País Valenciano, todo, como se ve, ajeno a los presupuestos que nos afectan al resto de los españoles.
El mensaje mismo de la «irresponsabilidad» de no sacar tajada ante la debilidad del PSOE, es ya una postura francamente poco edificante, escasamente democrática y socialmente obscena. El juego sucio está a la orden del día en los pasillos y despachos del Congreso de los Diputados. Es que ni siquiera se preocupan de disimular y no sólo no se avergüenzan de su falta de ética sino que la llegan a confundir con todo lo contrario, calificando como una irresponsabilidad lo que a la mayoría nos parece un chantaje. Hasta ese punto hemos llegado.
Pero vamos a ver, un poco de seriedad. Aquí hay unos Presupuestos Generales del Estado especialmente delicados y polémicos que afectan a todos; una subida en la presión fiscal que casi nadie entiende y eso es lo que se va a debatir. ¿Es posible que un grupo como ERC vote a favor de algo que no le gusta, que le parece malo a cambio de que la televisión catalana se vea en Valencia? Pues parece ser que sí. Pero, entonces ¿de qué estamos hablando? ¿Es que todos vamos a tener que asumir esa presión fiscal mal hecha tan sólo porque la televisión catalana amplíe su cobertura?
Pues me temo que sí y así seguirá pasando mientras por culpa de una ley electoral injusta y nefasta por desfasada siga dando la llave del futuro de todos a unos poquísimos que sólo piensan en ellos y a los que el resto de España les importa un bledo.
Yo no lo entiendo y nadie creo que acepte este juego sucio político, este permanente chantaje de unas minorías que se han crecido en sus demandas gracias al miedo de los dos grandes partidos a terminar de una vez con un anacronismo que lleva condicionando el futuro de España desde hace demasiados años.