A la hora de valorar las aportaciones personales a la cultura insular, hace algunos días tuve el ingenuo atrevimiento de decir, negro sobre blanco, que posiblemente el elemento foráneo gana de largo. Sabía que sería una afirmación incómoda para algunos y, por otra parte, difícil de probar, pero la formulé con la mejor intención y por aquello de hacernos una autocrítica que me parece necesaria; convencido de que no siempre hemos sabido valorar el hecho de que, desde fuera, nos abrieran los ojos los viajeros que a lo largo de los años han recalado en las islas y los que, como residentes, son ya ibicencos de adopción. Es cierto que en estos últimos años las cosas han cambiado para bien y que, en determinados contextos –todavía insuficientes, creo yo–, los isleños hemos despertado y empezamos a defender lo propio. Pero me parece incontestable reconocer que durante mucho tiempo hemos vivido en la higuera y que quienes nos visitaban eran quienes más y mejor valoraban lo que veían.
Esta situación se ha tratado de justificar desde dentro con el pretexto –que tiene su parte de razón, pero no toda la razón– de que los ibicencos y formenterenses no podíamos deslumbrarnos con algo que era desde siempre nuestro contexto natural y que, en este sentido, era lógico que la admiración y la puesta en valor de nuestro patrimonio viniera de quienes veían por primera vez lo que para nosotros era común, cotidiano y familiar.
Pero tal justificación no puede tranquilizarnos porque seguimos fagocitándonos, cometiendo salvajadas y destruyendo el terreno que pisamos. Lo que viene sucediendo, en mi opinión, es otra cosa: que los oriundos hemos estado condicionados por intereses que el foráneo no tiene, circunstancia que explica que su mirada, por ser desinteresada, pueda resultar en ocasiones más crítica y neutral. Sea como fuere, es buena señal que nos incomodemos si nos dicen que no nos preocupamos y ocupamos de lo nuestro. Pero no basta. Y no basta porque quienes se incomodan son o somos cuatro gatos, una quijotesca minoría entre un magma generalizado de tanmenfotismo.