Siento que debo insistir en defender la ubicación de la nueva depuradora de Vila junto a la actual. Entiendo la preocupación de nuestros políticos por garantizar la nula emisión de olores, desplazando el problema a la montaña. Pero digo yo que ¡no! No, porque tendremos que pagar cada día el coste energético de pasear al monte nuestros trofeos. No, porque la actual depuradora seguirá presente, pero ahora sólo almacenando y bombeando sucesivas veces los pasteles hasta la montaña o, mejor dicho, al campo de tiro. Tendremos que apuntar alto.
La nueva EDAR junto a la actual, dimensionada para asumir la punta de agosto del año 2020. Por sostenibilidad, por sentido comun, por ahorro energético, económico y ético. Porque disponemos de la tecnología suficiente para garantizar la nula emisión de olores y contaminantes en el entorno. Y con lo ahorrado en zanjas, canalizaciones, bombeos y mantenimientos obscenos, reutilizar el efluente regenerado en zonas verdes, en la recuperación de ses Feixes, la limpieza de calles y en el baldeo de los barcos del renovado Club Náutico de Ibiza que, como el agua, es imprescindible.
He tenido la fortuna de participar la pasada semana en un curso de verano de la Universitat de les Illes Balears titulado ´Modelos Productivos Sostenibles para una Nueva Economía´, que invitaba a inspirarnos en la naturaleza, que ya resolvió sus procesos productivos y reflexionar en torno a la siguiente idea: la vida en el Planeta lleva millones de años evolucionando sin generar residuos, porque todo es aprovechable, y en cambio los humanos todavía progresamos ineficientemente, desperdiciando recursos en forma de residuos. Si hubiéramos implementado la tecnología de nuestros abuelos, que elevaban el agua con el viento, regaban con la gravedad y hasta cultivaban ses Feixes, eso sí, previo pago dels «censos emfitèutics a les monges canoneses de Sant Agustí», según cita el excelente, por exquisito, libro del GEN-GOB ´Vila i ses Feixes. Els camins del aigua´. Lo recomiendo.
Es cierto, nuestros abuelos no generaban residuos, aprovechaban las aguas pluviales y, como que las chumberas absorben los malos olores, estaban en todas las casas payesas. Y desinfectaban con almagra, y ahuyentaban los mosquitos con plantas aromáticas.Y llegó el progreso: motores de gasoil que subían el agua sin viento y semillas de fuera que eran ´mejores´... y nos liaron, pero francamente bien. Y por fin ya tuvimos vertedero para nuestros envases no retornables. Lo mejor del curso, quizás, ha sido aprender que es posible, y más sostenible, aprovechar los residuos como recursos rentables, buscando el objetivo de cero emisiones en los procesos productivos, si enfocamos hacia la innovación. Todo se puede hacer mejor. Y estoy convencido de que si se plantea la cuestión de la ubicación de la depuradora, ganará la opción de rehacerla en su emplazamiento actual, pero bien dimensionada y, porqué no, rodeada de chumberas. Pero tiene que ser por consenso. Es un problema de todos, también de muchos vecinos de Santa Eulalia, y es fundamental evitar el politiqueo partidista en un asunto que ya huele. Especialmente junto a los glamourosos yates de lujo al lado del flamante Gran Hotel.
Consenso y ponernos todos de acuerdo. Que cunda el ejemplo del señor Antoni Marí, alcalde de Sant Joan, que según me dijeron gobernó toda su primer mandato por consenso. Con mayoría absoluta, pero dialogando, escuchando y convenciendo. Y al hilo de lo aprendido en dicho curso de la UIB, la búsqueda del consenso permite fomentar la participación ciudadana. Consenso a todos los niveles, igualito que cuando se saben poner de acuerdo en sus subidas salariales.
Y para terminar, recomiendo también la lectura de las Fábulas de Gunter Pauli, por esclarecedoras, y aprovecho la ocasión para agradecer a la Asociación de Permacultura de las Pitiusas su visión transformadora y posible, al reunir a tan ilustres maestros que invitaban a inspirarnos en la naturaleza, y a observar y descubrir que mientras aprendemos a entender cómo caen las manzanas del árbol, la naturaleza ya resolvió como subirlas a las ramas. Tenemos el campo abandonado y compramos kiwis en Australia. Crecemos en número de turistas pero cada vez somos más pobres. Ecotasa sí, pero por consenso, en puertos y aeropuertos. Que contribuyan hasta los amigos que vienen invitados a mi casa en verano y no pasan por hoteles. Y siempre, que sea por consenso.