Tip y Coll incluían en su espectáculo un número en que se admiraban de la generosidad del salario mínimo, gracias al cual sus perceptores «pueden ir al cine cien veces al mes». Por supuesto, a cambio de no comer. La investigación sobre el patrimonio de Jaume Matas –que no cabe tildar de exhaustiva, porque su magnitud bordea la vastedad inagotable– demuestra que el ex president vivía conforme a los axiomas del dúo de filósofos. También él se compraba los Rolex en ayunas.
Nada más llegar al Consolat por segunda vez, los dirigentes del Colegio de Economistas se hicieron perdonar pecadillos progresistas, por el expeditivo procedimiento de honrar a Matas con un galardón. Ha llegado el momento de que se enorgullezcan de su proclamación, porque el rédito que extraía a sus limitados sueldos políticos lo convierte en el autor de un milagro económico que empequeñece los logros de Adenauer. Ni Keynes ni Friedman, las haciendas públicas deben gobernarse con los criterios del ex president para disparar los beneficios de su exigua riqueza. La multiplicación de los panes y los peces tiene su versión de diseño en el prodigio de los Rolex y los Cartier, obrado por Matas y cuya difusión dinamizaría el exangüe comercio palmesano.
La adscripción de Matas a las doctrinas de Tip y Coll llega al extremo de que se gastaba sus ingresos anuales –según la declaración que aportó él mismo– en un decorador de su segunda residencia palmesana, porque oficialmente vive en Estados Unidos. Varios años más de salario se fueron en objetos suntuarios. Con esa dieta, los fiscales anticorrupción de Balears no sólo han explicado el enriquecimiento de Matas, sino también su adelgazamiento.