Conseguir la cuadratura del círculo es más fácil que suprimir el oficio más antiguo del mundo. Viene a ser, creo yo, como querer ponerle puertas al campo. Lo que no significa que no debamos velar por las buenas costumbres como hace ahora el Ayuntamiento de Sant Josep, que, según la nueva normativa municipal, multará a las prostitutas que trabajen en la calle. Bien está. Muy bien. Pero convendrá distinguir, pienso yo, el ejercicio del sexo –cosa que en ningún caso no es tolerable– con el comercio que precede a la coyunda. Lo digo porque el artículo 32 de la nueva ordenanza recoge sanciones que van de 1.500 a 3.000 euros que se podrán imponer a las mujeres que ejerzan la prostitución en la calle sin tener licencia municipal cuando la infracción sea grave, es decir, «cuando el ofrecimiento, solicitud, negociación o aceptación de servicios sexuales en el espacio público se haga a menos de 200 metros de recintos deportivos, parques infantiles o centros educativos».
¿Quiere esto decir que se podrá conceder licencia municipal para ejercer la prostitución? ¿Y que se podrá asimismo practicar cuando se resuelva el asunto a más de 200 metros de los recintos aludidos en la ordenanza? Tampoco queda claro que se pueda multar al personal en casos de ofrecimiento, solicitud y negociación del fornicio. Porque si un hombre y una mujer están hablando en la calle, ¿quién sabe qué negocian o comentan? Y tampoco es de recibo que el atuendo llamativo y ligero de la mujer sea motivo suficiente para adivinar su conversación o, en su caso, generar la sanción.
Lo que es inaceptable y fácil de multar, naturalmente, es el ejercicio carnal, in situ y de facto, pero no cualquier otra situación que haga pensar en ello. Por otra parte, los ayuntamientos –y no hablo sólo del de Sant Josep– tendrán que pensar en ordenar el oficio de marras bajo techo con las garantías de libertad e higiene que merecen las partes interesadas, meretriz y clientes. Lo digo, dando un solo ejemplo, porque en Barcelona se suprimieron en su día y de un plumazo los burdeles y ahora, al sacar las hetairas de la calle, el consistorio se ha visto en el brete de autorizarlos. Otra cosa es el ubicarlos. Porque a nadie le hace gracia tener una casa de citas en el 2º, 4ª. O en la puerta de al lado. Pero esta es otra historia.