Once es un número que me recuerda el título de un libro de Paulo Coelho, ´Once minutos´. Es una historia triste de una chica joven que viene a nuestro continente para mejorar la calidad de su vida y cayendo en las redes de la prostitución va perdiendo su dignidad. El mundo que tenía que proporcionarle aquello que no poseía le va empobreciendo.
Es la historia de una chica que representa la realidad de tantas jóvenes que se acercan a nuestro continente en búsqueda de una vida mejor. Continente cada vez más, mal llamado de progreso, pues vive en una recesión no solo económica, sino también moral y espiritual.
Es la realidad de tantas personas que ponen precio a algo que nada ni nadie puede pagar, pues las personas somos mucho más que objetos para dar placer. El problema no debe centrarse en los individuos que se ven forzados a vender su cuerpo en las vías públicas, sino en las personas que piensan que pueden comprar sus servicios.
Ya que parece tan difícil su erradicación, por que son muchos los intereses creados, lo mínimo que se tendría que hacer es regularizarse para que así las personas que se encuentran en esta tesitura de su vida por lo menos tengan unos mínimos vitales protegidos.
Pero ONCE también nos recuerda a la institución que trabaja para mejorar la calidad de vida de las personas ciegas y con discapacidad visual. Una Institución de carácter social. Abierta a todos, solidaria con las personas afectadas por discapacidades distintas a la ceguera.
Esta corporación sin ánimo de lucro celebra continuamente diferentes actos para concienciar y sensibilizar a la población Pitiusa de la problemática que viven las personas con este tipo de deficiencia.
Está en manos de la sociedad, de cada uno de los individuos que la formamos hacer que la vida de los demás sea un poco más fácil o un poco más difícil. Las soluciones a los problemas no caen del cielo y mientras hay gente que se gasta por hacer la vida más llevadera a los demás continúa habiendo de los que solo son capaces de pensar en sí mismos.
Este tipo de instituciones nos hacen pensar que vale la pena seguir luchando por la igualdad y por el reconocimiento de los derechos de los más débiles.