No hacerse entender está al alcance de cualquiera. La vacuna de la gripe A, que los niños españoles tienen el privilegio de probar para el mundo, es segura pero está en pruebas. A lo mejor hay un matiz entre ser seguro y estar en pruebas pero tiendes a pensar que si es seguro es porque está probado a conciencia. Usamos champú seguro porque está «dermatológicamente testado», con lo cual volvemos a que no hacerse entender está al alcance de cualquiera, incluido un bote de jabón.
Manuel Chaves declara que para que las sucesivas medidas económicas que brotan –verdes– en la parte económica del Ejecutivo de Zapatero se entiendan «hay que hacer un esfuerzo para trasladar a la ciudadanía el contenido de la hoja de ruta para la crisis». A continuación propuso «propaganda» aunque lo llamó «pedagogía», que es la ciencia de enseñar.
¿Quién no habla así ya, a costa de oír concejales en las emisoras locales? Escuché a la ministra de Defensa, Carme Chacón, y estuve todo el día «poniendo en valor». No hacerse entender es, a veces, involuntario.
Gianpaolo Tarantini es el conseguidor de Berlusconi. Aparece como empresario, que sí, pero en realidad es camello y chuloputas. El proxeneta y narcotraficante se explica así: «Quiero precisar que he recurrido a la prostitución y a la cocaína a fin de crearme una red de apoyos en el sector de la Administración pública porque pensaba que las chicas y la cocaína serían mis llaves de acceso al éxito en sociedad». ¿Esa jerga picapleitos engañó a Berlusconi que creyó que sus noches eran rubias o morenas, adultas o ´velinas´, por su encanto de galán maduro y no por los mil eurazos? No hacerse entender está al alcance de un rufián tecnócrata.