Durante una de las muchas tormentas que hemos sufrido estos días, un amigo que tiene una barquita en Talamanca tuvo que acercarse hasta allí a toda prisa y, con la ayuda de un cubo, achicar agua hasta que se le agarrotaron los brazos para evitar que su pequeña embarcación, rebosante de agua, se fuera a pique. Ahí tenemos –me dije– la solución a las inundaciones en el túnel del aeropuerto: llevar siempre un cubo –y bien grande– en el coche por si el agua sube hasta la altura de nuestras narices, ya de por sí bastante hinchadas. Vale, no es una gran idea, pero es más de que nadie ha hecho hasta ahora por arreglar un problema que se repite cada vez que llueve con cierta intensidad.
Lo cierto es que no podemos decir que estos problemas nos cojan desprevenidos. Estaba claro que con las prisas que tenía el PP balear por acabar con este faraónico proyecto –que no me explico cómo a algunos les quedaba tiempo para nada entre saqueo y saqueo de las arcas públicas– aquellos polvos iban a convertirse en estos lodos. No quiero pecar de agorera pero lo raro no es que las autovías tengan más goteras que la casa de un homeless, sino que aún sigan en pie. Contra lo que todos pensamos, el PP sin embargo, con una memoria digna de Dori, la simpática amiga de Nemo, culpa de todo este desaguisado a los actuales responsables. Según los populares, el proyecto original de esta piltrafa contemplava unos drenajes que ellos, pobrecitos, no tuvieron tiempo de construir, aunque sí les faltaron horas para inaugurar a toda prisa una obra que entró en servicio sin este detalle que entonces debió parecerles una nimiedad y que ahora que están en la oposición les parece importantísimo. Ante tanto despropósito, tampoco nos tranquiliza demasiado el director general de Obras Públicas, Antoni Armengol, cuando afirma que «tenemos que empezar de cero», o lo que es lo mismo: hay inundaciones para rato. Lo cierto es que el tiempo va transcurriendo y los actuales gestores políticos continúan sin dar con la solución.
Puesto que ninguno de sus técnicos y de los cientos de estudios que encargan cada día con los más diversos e incomprensibles fines son capaces de arreglar esta chapuza, ha llegado el momento de echarle imaginación y algo de valor al asunto. ¿No andan los políticos ibicencos desesperados por conseguir alargar la temporada? Pues aquí está la respuesta: esnórquel otoñal en el túnel del aeropuerto (de nada, Pepa Marí). Mil veces mejor que la fiesta discotequera del agua, más novedoso que el pecio del ´Don Pedro´ e ideal para amantes de las emociones fuertes. Siéntete cual Manu San Félix en el Mar Rojo al adentrarte con un tubo y unas gafas (aletas opcionales) en el interior de un túnel repleto de automóviles y, lo que es más peligroso, de conductores muy, pero que muy cabreados. Salir vivo será una proeza que los intrépidos buceadores nunca olvidarán. Y pensar que aún hay gente que critica al PP. Ingratos.