Me podría haber quedado patidifuso con la reacción de Rajoy y de Camps al saber que la moción de censura contra el alcalde del PP en Benidorm había prosperado. Pero hace ya tiempo que no me sorprende en absoluto nada de los dirigentes del PP. Espetan que se les ha arrebatado lo que el PP había ganado democráticamente por mayoría absoluta. Que es lo mismo que decir que dieciocho años atrás Zaplana les arrebató a los otros lo que habían conseguido democráticamente y por la misma mayoría. En el mismo lugar, el mismo suceso, con la sola diferencia de que entonces el favorecido fue el PP y ahora ha sido el perjudicado. Y la existencia o no de pacto antitrasfuguismo no cambia para nada la naturaleza democrática y mayoritaria de los dos alcaldes censurados. Es más, el PP se está hartando de violarlo sistemáticamente, en idénticos supuestos, ahora mismo en dos pueblos de Pontevedra, la provincia del propio Rajoy, nada menos.
Cuando son socialistas los que rompen el pacto, ellos mismos o su partido toman la decisión inmediata de suspender la militancia, cosa que en el PP no se hace. Zaplana comenzó su larga y brillante carrera política accediendo por moción de censura a la alcaldía de Benidorm: ni él ni sus compañeros concejales abandonaron el partido ni éste los expulsó. Todo lo contrario: fueron elevados a los altares. Una vez más aplican la doctrina de la ley del embud: para ellos lo ancho y para los demás lo estrecho. También en el problema de la corrupción. Ellos nunca han hecho nada, los corruptos son otros. En pleno día aseguran que es de noche. Cambian la realidad a su antojo y todavía hay quienes se lo creen. Así estamos.