No me resigno a estar callado, viendo que esta semana se marcha otro especialista (de cardiología), ante la absoluta pasividad de los que tienen la obligación de mantener e incrementar la plantilla del Hospital.
Cuando en el resto de los centros de España se dan bofetadas para contratar a un cardiólogo, ¡aquí lo dejamos marchar sin preocuparnos tan siquiera de los motivos! Y encima perdemos a un ibicenco, conocedor de la idiosincrasia de los isleños.
¡Menuda gestión de Recursos Humanos! ¡Cómo derrochamos capital humano, el más costoso de adquirir y el más preciado a conservar!
Ver para creer... Otro especialista menos, que se une al que marchó hace un año y cuya plaza aún no se ha conseguido cubrir.
¡Y los que hemos dejado pasar, de otras especialidades médicas, asimismo deficitarias, como neumología, demostrando una visión de futuro cuanto menos miope...!
Como siempre, los «cerebros pensantes» sugerirán que su trabajo lo realicemos otros médicos (internistas, intensivistas), polivalentes, aunque no especialistas en este campo, sin importar que se incrementen las listas de espera de las pruebas estrictamente cardiológicas (ecocardiografías, pruebas de esfuerzo, implante de marcapasos).
¿Que pasará cuando uno de los dos cardiólogos que tenemos comience sus merecidas vacaciones?
¿Se realizarán tal vez las pruebas en otro centro u otra isla? ¿Esto es calidad de servicio al usuario de la sanidad pública? Permítaseme dudarlo.
Nada de lo que digan directivos o portavoces sanitarios de los partidos políticos (de una u otra orientación) hará que se borre la tristeza que muchos trabajadores de la sanidad sentimos ante el progresivo empobrecimiento profesional que observamos a nuestro alrededor.
Sin menospreciar el esfuerzo realizado por los profesionales que se quedan en la isla.