Si las prostitutas fueran consideradas personas (quedan fuera de comentario quienes ejerzan la prostitución libremente), no habría la más mínima intención de legalizar la actividad de sus chulos porque serían considerados lo que son: esclavistas que compran, transportan y venden personas. Desde la abolición de la esclavitud sólo ha aumentado el número de esclavos en el mundo pero ignoro si en esa cuenta incluyen a las putas.
Si las prostitutas fueran consideradas personas no serían ahuyentadas por los policías locales por orden del señor alcalde (o de la señora alcaldesa) sino que serían liberadas por los policías nacionales y los políticos y políticas correrían a hacerse fotos liberándolas y dándoles condiciones de acogida y una primera seguridad para que reemprendieran la vida en libertad.
Según los relatos habituales, antes de ser prostituidas, esas mujeres son vendidas o engañadas, a continuación, secuestradas, después violadas sucesivas veces en la doma previa al ejercicio. Todo eso adquiere la forma del pago de una deuda, la del viaje a precio de estafa, las condiciones de devolución del préstamo son de usura. El bien que responde son ellas, de ahí que el último pago sea el de la libertad.
Cuando han hecho todo este recorrido, si están en la calle, llega el alcalde o la alcaldesa a limpiar la acera para tranquilidad de vecinos y comerciantes. Si están en locales, llega el empresario a pedir la legalización.
Si fueran tratadas como mercancías les iría mejor: habría una exigencia de trazabilidad similar a la que se pide para los licores que no pueden ser fabricados ilegalmente ni metidos de contrabando.