La llegada de pateras ha descendido un 40%. No hay trabajo, no hay papeles y la repatriación funciona como una maquina engrasada, sobre todo con Marruecos. Jugarse la vida en el Estrecho se ha convertido en una aventura estéril.
Los únicos que mantienen la esperanza de una vida mejor al otro lado del mar son los niños y ellos son los que ahora protagonizan el éxodo del hambre. Sorprendentemente la primera patera infantil ha conseguido cruzar las peligrosas aguas que separan Marruecos de España, con un tráfico marítimo infernal, a bordo de una barquita hinchable de playa y remando con su brazos.
¿Qué miedo no habrán pasado los seis chavales, el mayor de 16 años y los pequeños de 10, solos en ese bote de papel, de noche, viendo pasar los grandes cargueros que podían haberles destrozado con sus hélices? ¿Qué esperan sus familias que les han dejado marchar sabiendo la precariedad del viaje y los riesgos que corrían?
De momento la Junta de Andalucía y la Fiscalía de Menores se han hecho cargo de su tutela y pasarán a engrosar la lista de 162 menores que viven en centros de acogida y que llegaron en pateras a España sin que se haya podido documentar su origen.
Pese al acuerdo firmado con Marruecos para repatriar a los menores con familia, son precisamente éstas las que se niegan a facilitar cualquier dato de filiación para que así sus hijos, acogidos en centros de tutela en Andalucía, lleguen a la mayoría de edad, se regularicen y comiencen a enviar dinero.
Hasta ahora los menores eran colados en las pateras con adultos que no eran de su familia. Al llegar a España eran los únicos que conseguían quedarse. Pero la patera de juguete puede crear un precedente peligrosísimo.
Hay que advertirlo a voces: estos críos se han salvado de milagro. No se puede mandar niños en botes de goma a cruzar una de las rutas marítimas más transitadas. El efecto llamada de la epopeya marítima de estos intrépidos navegantes puede convertir el Estrecho en un cementerio de menores de edad que sueñen con escapar de la miseria y acceder a la regularización tras unos años en un centro de acogida. Las autoridades de España y Marruecos tienen que reaccionar a tiempo antes de que los niños sean utilizados y traficados ante la indiferencia de todos.