La multitud de noticias más o menos alarmantes sobre la gripe A está causando una gran confusión en la población, especialmente ahora que comienza el curso escolar y llega el otoño. ¿Debemos mandar los niños a la escuela? ¿Los dejamos que pasen todo el próximo curso en casa o por lo menos hasta disponer de una vacuna, que esperamos sea eficaz? En la actualidad los datos de que disponemos sugieren una gripe con una tasa relativamente baja de mortalidad y morbilidad, aunque ésta afecta a gente joven y sana, siendo éste el principal motivo de la alarma. Por ahora no tenemos datos que sugieran que no debe empezarse el curso escolar con toda normalidad. Sin embargo es importante que ante los mínimos síntomas de un cuadro gripal, los niños o los profesores sean aislados del aula y que estén fuera del colegio hasta que el cuadro febril haya cesado. Cualquier niño con fiebre no deberá acudir al colegio hasta que se haya resuelto el problema. Las medidas higiénicas encaminadas a disminuir los riesgos de contagio (taparse la boca con un pañuelo al toser o estornudar, lavados frecuentes de manos, ...) deben ser práctica habitual y su utilización debe extremarse.
Vamos a ser ágiles en los cambios que se pueden ir produciendo. En el momento en que salgan nuevas indicaciones, se produzcan cambios en la agresividad del virus –esperemos que no, pues entonces tendríamos un gran problema– o se dispongan de formas para prevenir el contagio (vacunas) las recomendaciones cambiarán. Entonces, según qué cambios se produzcan, es posible que los niños tengan que quedarse en casa y habría que buscar formas alternativas para continuar su formación fuera del colegio.