Y ahora qué? Sí, a partir de ahora ¿qué va a hacer el Gobierno? Porque después del debate sobre la crisis creo que estamos como estábamos. Por una parte, el presidente, aunque ha reconocido que haber hay crisis, ha vuelto a hacer gala de su optimismo un tanto impostado. También nos ha anunciado que subirá los impuestos pero sin concretar cuáles ni de qué manera. Y eso sí, ha vuelto a comprometerse a mantener el gasto social para amparar a quienes menos tienen.
En cuanto a las intervenciones de los dirigentes de la oposición se podrían resumir en dos ideas que todos repitieron: Zapatero no está siendo capaz de liderar un plan contra la crisis porque no lo tiene y todos le han tendido la mano, ofrecido apoyo para afrontar la situación.
Es decir, la oposición ha hecho un ejercicio de responsabilidad ofreciéndose a arrimar el hombro, conscientes de que eso es lo que esperan sus electores, mientras que el presidente continúa sin saber concretar un plan, unas líneas de actuación lo suficientemente claras como para generar esperanzas sólidas de que van a servir para paliar la crisis.
José Luis Rodríguez Zapatero desgranó algunos, de los a su juicio, logros de su Gobierno. Por ejemplo, se refirió a esa partida presupuestaria dedicada a ayudar a los jóvenes a emanciparse, o a que en breve comenzará el reparto de ordenadores a los escolares tal y como prometió. Dos partidas presupuestarias que, a mi juicio, las podría suprimir para comenzar a ahorrar y aplicar alguna medida de austeridad.
¿De verdad el Estado tiene que subvencionar que los jóvenes se emancipen? ¿De verdad hay dinero en las arcas públicas para regalar ordenadores? ¿Son éstas las prioridades de un Estado que sufre una crisis económica brutal? En mi opinión el presidente del Gobierno se mostró voluntarioso pero ha perdido credibilidad y sobre todo tiene razón la oposición cuando señala que no está siendo capaz de liderar un plan contra la crisis.
Zapatero en época de bonanza lucía radiante adoptando medidas controvertidas y audaces, pero en situación de crisis produce la impresión de que no sabe ni qué hacer ni por dónde tirar, y que más que nunca improvisa. Es decir no genera confianza. Si tuviera que poner nota al debate parlamentario diría que los dirigentes de la oposición, de Mariano Rajoy a Josep Antoni Duran Lleida, pasando por Josu Erkoreka, etc, dieron una lección de contención y responsabilidad y que el presidente no convenció. Seguimos preguntándonos dónde va.