Las elocuentes imágenes captadas por el biólogo marino Manu San Félix y divulgadas por Diario de Ibiza han actuado como la más eficaz de las denuncias y han sido un testimonio irrebatible del vertido de toneladas de residuos fecales procedentes de la depuradora de Formentera en aguas del Parque Natural de ses Salines. También sabemos que no ha sido un suceso excepcional, sino el último de los frecuentes escapes incontrolados de la red de saneamiento de la isla que están provocando un serio daño medioambiental. Cansado de desidia e incompetencia, esta vez San Félix ha destapado el desastre y ha presentado evidencias incontestables, lo cual ha contribuido sin duda a acelerar la reacción de los responsables de la Agència Balear de l'Aigua i la Qualitat Ambiental para resolver el problema.
Sin embargo, los vertidos de Formentera no son un caso aislado en las Pitiüses, que arrastran desde hace años graves deficiencias en toda su infraestructura de depuración de aguas residuales. Todos los municipios de Eivissa sufren las insuficiencias de sus depuradoras, que se han quedado pequeñas o viejas; de hecho, muchas de ellas ya eran anticuadas cuando se construyeron porque fueron equipadas incomprensiblemente con tecnología obsoleta, quizá para ahorrar costes. La situación más grave es la de Vila, que necesita imperiosamente una nueva de mucha mayor capacidad y donde todo está por hacer porque se han perdido años en enfrentamientos políticos y absurdas disputas técnicas que aún no han concluido, pero el nauseabundo rastro que deja el mal funcionamiento de muchas plantas, colectores y estaciones de bombeo se extiende por toda la isla, desde Platja d´en Bossa y Sant Antoni hasta Santa Eulària y Sant Joan.
Tengo la sensación además de que la falta de un buen mantenimiento de las instalaciones origina averías y funcionamientos defectuosos que surgen en momentos críticos y que podrían ser evitados. Parece como si las sucesivas y millonarias inversiones anunciadas por el Govern en todas las plantas para repararlas, ampliarlas o remodelarlas no hubieran tenido ningún efecto. Y si lo han tenido, en muchos casos el persistente hedor no permite apreciarlo.
El Govern grava nuestro consumo de agua con un canon que le proporciona unos elevados ingresos destinados a financiar los equipamientos para depurar correctamente el agua residual y hacer posible su reutilización, con el doble objetivo de evitar que se derroche un bien imprescindible cada vez más escaso y de impedir que se contamine el litoral. Por eso hay que ser exigentes y reivindicar toda la infraestructura que necesitamos y que merecemos.
A base de parches y de remiendos sólo se ha logrado ganar tiempo y evitar que muchas instalaciones revienten por todas sus costuras, pero no garantizar el funcionamiento óptimo que requiere el saneamiento de unas islas turísticas, prósperas y desarrolladas como las nuestras. Los problemas de fondo de falta de capacidad de tratamiento o de modernización tecnológica de nuestras depuradoras siguen estando ahí, aguardando las verdaderas y definitivas soluciones.