Muy pocas veces agradecemos a los bomberos el heroico trabajo en el que anónimamente se juegan la vida por salvar la nuestra y nuestros bienes. Sirvan estas rayas como sincero reconocimiento a su esfuerzo y, dicho esto, volvamos por un momento a las condiciones en las que se dio el incendio de Punta Xarraca. Supimos que se había iniciado en las últimas horas de la tarde, circunstancia que impidió que siguieran con sus trabajos de extinción los servicios aéreos, con la consecuencia inevitable de que el bosque ardió sin remedio durante toda la noche. Se me escapan, por ignorancia, los aspectos técnicos y las pautas de seguridad exigibles en tales casos a los medios aéreos, pero no se entiende que con una mar encalmada –como era el caso–, buenos focos y tomando las precauciones necesarias en la altura de vuelo, no se pudiera seguir trabajando. Sólo puedo pensar que si no se hizo fue porque técnicamente no pudo hacerse. Pero debo decir que me cuesta aceptarlo y que sigo sin entenderlo.
En todo caso y como ya se ha dicho, esta vez hemos tenido la suerte de que el viento soplara hacia el mar y no hacia el interior de la isla, circunstancia que hubiera provocado un desastre todavía mayor. Pero convendría que no tentáramos a la suerte. Nuestra prodigiosa masa forestal es un bien patrimonial paisajístico y ecológico de primer orden que nos proporciona una incomparable oxigenación y la atemperada climatología que tenemos, pero supone también un altísimo riesgo. Nuestros bosques son también una bomba y el detonante puede ser esa insignificante colilla que deja caer encendida el descerebrado de turno. Por eso me parece necesario subrayar las graves advertencias que hacía en estos mismos papeles el conseller insular de Mobilitat y Medi Ambient: algo que no sabíamos, que tenemos unos servicios de extinción obsoletos. Y tampoco sabíamos que nuestros municipios se resisten a colaborar con el Consell a la hora de sumar los recursos que exige la urgente adecuación del parque de bomberos: «La responsabilitat d´un alcalde no se satisfà visitant un incendi i fent-se una foto al costat de bombers que tenen la cara ennegrida de tant lluitar contra el foc, sino assumint les obligacions que vénen marcades per la llei i responent tal com toca dins de les pròpies competències». Me sumo a la indignación del conseller y creo que más claro no se puede decir.