Como en España el bipartidismo es maniqueísmo y bipolaridad, nos quieren dividir entre el veraneo de chiringuitos y el de palacete del patrimonio nacional. Con desprecio al primero –que se refiere a Mariano Rajoy– habla Pérez Rubalcaba, ministro del Interior y con retintín del segundo –porque lo ocupa Rodríguez Zapatero– declara el secretario general del PP.
Lo que hay detrás es la corrupción en España, asunto en el que hay gente que es bipartidista y quiere que se sepa y castigue la del otro. El PP se queja de que la policía y los jueces sólo investigan la de los populares. Lo dicen para movilizar a su hinchada pero es como si la mafia rusa se quejara de que se la persigue más que a la colombiana y la gente honrada tomara partido. No se quejan de ese agravio comparativo los corruptos del PP sino la dirección del PP que tendría que ser implacable con el asunto o por lo menos aparentarlo.
Si se hubiera echado la cuenta de cuánto le cuesta a cada español la corrupción acumulada se vería cuántos años se trabaja para seguir manteniendo un sistema sucio. Para no hablar de lo detraído a los impuestos (porque no somos tan cívicos), piénsese que el 90% de las familias tiene piso en propiedad y un porcentaje muy alto de esas viviendas tiene un sobrecoste de corrupción o negritud que entra en la hipoteca y se multiplica por los intereses a lo largo de decenios. ¿Alguien prefiere que lo ganen los suyos a ahorrárselo?
El PP defiende el honor de unos detenidos que fueron expuestos a ser fotografiados con esposas y en eso estamos de acuerdo los que no participamos de la fiesta bipartidista de ir al juzgado a gritar «presidente, presidente» o «delincuente, delincuente». En cambio, cuando los jueces son más que amigos, empieza a verse la necesidad de los juicios paralelos para que se puedan condenar, al menos moralmente, algunas prácticas y a sus practicantes.