No es mi intención comentar nada acerca del escándalo Watergate ni tengo en mente comentar la mítica película erótica de principios de los 70, aunque al final de esta carta entenderán el porqué de esta alusión a la mencionada cinta.
Esta carta va dirigida a los residentes en Ibiza, también a todos aquellos que nos visitan y quedan maravillados de la belleza de nuestras playas y en general a los que respetan el medio ambiente y al resto de las personas que intentamos disfrutarlo.
Al intentar disfrutar de la blanca y fina arena de una de nuestras playas más conocidas jugando con mi hija de 3 años, en un espacio no mayor de 4 metros cuadrados he retirado más de 25 colillas. La arena de la playa no es como la protagonista de aquella película, la arena de la playa no se lo traga todo. Por mucho que empujen con el dedo y entierren la colilla en la arena, al final volverá a salir, o algún niño pequeño, quizás su hijo, la desenterrará. Las concesiones de las playas tienen máquinas que rastrillan y se llevan latas, vasos, flyers, pero no las colillas, son demasiado pequeñas.
Ya basta de hacer la vista gorda ante aquellos indeseables, maleducados, insensibles y guarros que al irse de la maravillosa playa dejan sus desperdicios. Reprendámosles con un simple «me parece que te estás dejando algo». Si les queda algo de civismo se les caerá la cara de vergüenza. Es nuestro derecho, es nuestra obligación.