El Ayuntamiento de Eivissa pretende dar el impulso definitivo a la rehabilitación de sa Penya con la actuación más importante y ambiciosa proyectada hasta ahora: expropiar, demoler y reconstruir la manzana más conflictiva del barrio. Se trata de una intervención urbanística clave para generar una dinámica irreversible de recuperación del núcleo urbano más degradado de la ciudad, el que después de cuarenta años de abandono y deterioro, infectado por la ruina arquitectónica, la marginalidad social y la delincuencia, nos avergüenza a todos.
Hasta ahora las acciones en sa Penya habían sido aisladas y poco efectivas, apenas pequeños parches, casi siempre en su periferia; la que proyecta el Ayuntamiento para los próximos años apunta al corazón de la barriada, a su núcleo duro. Se trata de acabar con las 44 infraviviendas de esa manzana, realojar a sus ocupantes en otros lugares y edificar en el mismo solar 15 nuevas viviendas de protección oficial y algún equipamiento de carácter educativo. Simultáneamente se construirán también en su entorno un centro polivalente y un centro cívico que sirvan como polos de atracción y de actividad permanente.
El diseño de esta operación ha quedado plasmado ya en el nuevo Plan General de Ordenación Urbana del municipio, pero no se ha pasado aún de la fase de planificación ni se ha trazado un calendario para su ejecución. Acometer este proyecto es imprescindible y urgente, porque reconducir de una vez la insostenible situación de sa Penya es un deber del Ayuntamiento de Eivissa que no admite más dilaciones. No va a ser fácil. Seguramente es el mayor de los retos que tiene planteados el Consistorio desde hace décadas, y hasta ahora también el mayor de sus fracasos. Por tanto, estamos hablando de una intervención urgente, para la que habrá que hacer acopio de energías y movilizar recursos y colaboración institucional, pero no se puede perder otro mandato más ni desperdiciar esta etapa inédita de identificación política entre todas las administraciones implicadas. Y todo ello sin abandonar otras iniciativas imprescindibles que afectan a toda la barriada, como la enajenación forzosa de inmuebles ruinosos que no sean rehabilitados por sus propietarios.
La recuperación de sa Penya, postergada tantas veces por las importantes dificultades sociales y arquitectónicas que plantea, ha de ser de una vez la gran prioridad tanto en los presupuestos municipales como en los del consorcio del Patrimonio de la Humanidad, ahora que ya vuelve a disponer de fondos. La experiencia de muchísimas ciudades que han sabido regenerar con éxito sus barrios históricos degradados debería servir de ejemplo y de experiencia alentadora.
Acabar mediante cirugía urbanística con uno de los focos más activos de la degradación de sa Penya es una opción crucial, estratégica, que ha de servir como factor determinante para precipitar la recuperación del barrio. Una labor que no sólo consiste en dotarlo de viviendas habitables y equipamientos públicos, sino también de las condiciones necesarias para que puedan funcionar en él tiendas, bares, restaurantes y todo tipo de establecimientos comerciales que contribuyan a convertirlo en un núcleo urbano vivo y no sólo en una zona residencial con mayor o menor encanto.