Supongo que alguno de vosotros me recordaréis. Soy el gran pino (perdonad la arrogancia) que vivía en el acceso a la playa d´en Bossa, a la altura del ´Bull Bar´. Y digo vivía porque uno de los de vuestra especie decidió deshacerse de mí. Me pregunto por qué. Yo no hacía daño a nadie.
He podido ver en mis años de juventud cómo llegaban los primeros turistas en verano y he tenido miedo de que alguno de los temporales invernales me tumbara. Después, a medida que se fortalecía mi tronco, sentía con orgullo cómo os cobijabais de los duros rayos de sol bajo mi refrescante sombra. Seguro que tú también notaste alivio al pasar bajo mi copa.
Hace pocos años creí que era mi fin cuando construisteis esas moles de piedra a mis lados.
Ahora que habíais plantado un bonito jardín en el paseo con parientes de mi reino vegetal, pensé que os habíais sensibilizado y decidíais por fin dar un giro hacia el buen camino, el de darle prioridad a la belleza de la naturaleza.
Pero una de estas mañanas un pobre hombre, obedeciendo tus órdenes, partió mi tronco por la mitad. ¿Con qué derecho tomaste esa decisión? ¿Quién te crees que eres, miserable humano, para arrancarme la vida a mí, a quien debías respeto por la edad (50 años), por el tamaño (20 metros) y porque seguro que te supero en riqueza de espíritu y sabiduría? No contentos con ello, decidisteis humillarme esculpiendo un asiento en mi tronco amputado, para vuestros vulgares traseros.
El mío es sólo un ejemplo de lo poco que respetáis a los seres con los que convivís. He visto, a lo largo de los años, que el que produce un daño acaba recibiendo otro similar. Espero que tu castigo no sea tran cruel como el que me has provocado.
Ahora sigo en el mismo sitio dando cobijo a vuestros muertos. Os deseo lo mejor a los que me conocisteis y supisteis apreciar mi gran valor.