Las redacciones de los medios de comunicación estos días son un de-sierto. No sólo porque muchas de las plazas de los profesionales las ocupan los esforzados becarios, sino por la ausencia de noticias de interés. Apenas hay informaciones que valgan la pena y muchas páginas y programas se convierten en cajones de sastre en los que cualquier información que en otra época del año ocuparía un mínimo espacio ahora luce con honores de primera plana.
No es de extrañar que proliferen, sobre todo en la televisión, los programas que recorren la geografía costanera del país para dar cuenta de los excesos del verano. Puedo imaginar la redacción de un programa cualquiera, con los periodistas intentando sacar petróleo de cualquier pequeña historia, hasta que a alguien se le enciende una luz: «¿Qué tal si hacemos el típico reportaje sobre los lugares de moda?», «Guay, pero, ¿buscamos un enfoque nuevo, algo original?», «Quita, quita, con este calor, si tengo la neurona deshidratada. Hacemos lo de siempre y a otra cosa», «¿Hace uno de los ricachones decadentes de Marbella, los abueletes de Benidorm y la marcha de Eivissa?», «Mucho topicazo junto , ¿no?», «Pues sí, pero como tampoco nos van a dar el Pulitzer y en verano caen las audiencias porque el que puede pasa de la basura de programación televisiva que ofrecemos, no importa».
Y así, un verano más, los programas reflejan hasta la extenuación los tópicos de los lugares de veraneo. Eivissa carga con su particular cruz, que no es otra que la de la marcha que nunca acaba y donde todos vienen a drogarse o a emborracharse o, si llevan dinero, a todo a la vez. Indefectiblemente, a cada reportaje de este tipo, saltan indignados unos cuantos ciudadanos, la instituciones y algunos organismos. Soy la primera que ve hastiada cómo los lugares comunes se repiten año tras año, pero si reflexiono un poco, no mucho que ya estoy mayor para esfuerzos, reconozco que todos los tópicos esconden un trasfondo de verdad. Es muy difícil que filmaran a gente tomando droga en discotecas y playas si nadie lo hiciera. No hay más que leer lo que día tras día nos cuentan los turistas de cualquier pelaje al abandonar la isla para comprender que hay mucho de cierto en esa imagen de desfase: «He visto a gente drogándose a todas horas», «me ofrecieron droga en el lavabo de una discoteca», «Sant Antoni está lleno de ingleses borrachos», «he saltado de balcón en balcón» y otras perlas parecidas sueltan cada día nuestros visitantes.
Mientras tanto, nuestros responsables políticos se esfuerzan por equilibrar esa imagen y montan pasarelas Adlib a las que sólo consiguen atraer a lo peorcito de la prensa de cotilleos del país y, eso sí, a más políticos que a un pleno del Consell. A raíz del último desfile, en los programas del hígado se ha hablado de todo menos de ropa. Que si la ex de un futbolista ahora sale con otro, que si la novia de un bailarín ha cortado con él... De moda, como de Gurb, seguimos sin noticias. Lástima que ninguna cervecera haya elegido Eivissa para un anuncio. Tal vez alguna fábrica de calimocho...