Más vale prevenir que curar, asegura el refrán, pero valen mucho una cosa y la otra. Prevenir. Hace años metíamos en el carrito de la compra productos ´bio´ creyendo que eran más sanos. El regulador tardó en llegar a decir a los fabricantes que fuera prefijos engañosos. Les dejaron que mantuvieran ´bi´ (como de binario) pero sin significado. El regulador siempre persiguiendo la verdad pero sin perseguir la mentira porque eso atentaría contra la libertad.
Ahora se va a limitar el uso de ´verde´, término que cuanto más se destaca en la publicidad, más señala a un gran contaminador. La utilización de la palabra ´sostenible´ es insostenible.
Curar. Al otro lado de la cadena proliferan las curaciones que no curan pero tratan, todas con el sufijo ´terapia´. A veces algo en lo que se basan está «científicamente probado» pero sin que eso signifique que sea eficaz aunque «influye positivamente». En realidad, en esa terapia se pasa bien y no hace mal. La de cosas de siempre que pueden llegar a ser apellidadas con ´terapia´. Las terapias se están desplazando de los hospitales a la hotelería y de miligramos de un componente desconocido y escaso a toneladas de otro muy común y con excedente. No acabas de creer que sumergirse en vino un fin de semana vaya a tener algún efecto terapéutico para la piel y ya se escribe que, según el tipo de uva, cambian los efectos: una ayuda a disminuir la papada y otra las alas de murciélago de los brazos maduros. En Valencia hay terapias con horchata y en Asturias con sidra y así... Debería limitarse el uso de ´terapia´ como sufijo para no confundir pasarlo bien con pagar por algo saludable pero el mercado sí que es un saber milenario. «Ya Cleopatra… etcétera».